Traumas en la infancia y sus consecuencias

Un niño desatendido emocionalmente por sus padres o cuidadores donde sus necesidades afectivas no son atendidas y tenidas en cuenta, que tiene que vivir en una casa con una madre enferma o depresiva, que no puede hacerse cargo del pequeño, con un padre la mayoría de veces ausente, o con padres que simplemente trabajan en exceso y no están presentes para regular sus emociones e incluso puede llegar a recibir maltrato físico o psicológico; este niño sentirá que el mundo es un lugar que no es seguro, el niño tenderá a evitar las relaciones sociales por no sentirlas seguras o por el contrario se convertirá en una persona dependiente que buscará el afecto a toda costa.

Pensemos una cosa: el ser humano nace totalmente desvalido. Existen estudios realizados en orfanatos donde se muestran niños con las necesidades básicas de alimentacion, calor, vestido, sueño, etc., cubiertas pero que sin embargo desarrollaban transtornos y déficits psicológicos por no recibir un adecuado contacto humano, a través del consuelo, las caricias, los abrazos. Y es que el ser humano es un animal emocionalmente social, con un cerebro aún por desarrollar cuando sale del vientre materno y este cerebro no se desarrolla por el simple paso del tiempo, sino que lo hará mediante la regulación de las figuras de apego, mediante los cuidados y los afectos.

La persona que ha sido expuesta a un ambiente de malos tratos físicos, psicológicos o ambos, habrá tenido que desarrollar una serie de estrategias para poder sobrevivir en esas condiciones tan adversas. Sin embargo cuando estas personas crecen tienden a repetir el patrón que han vivido en su infancia, aunque muchas veces no sean conscientes de ello. La persona traumatizada tiene problemas para distinguir relaciones que son seguras y cuales no, tampoco saben poner límites a los demás para protegerse de lo que es dañino para su vida.

LAS HERIDAS DE LA INFANCIA PASAN FACTURA EN LA EDAD ADULTA.

Vamos a suponer que eres mujer y has tenido una figura de padre ausente, esto quiere decir que tu padre no ha ejercido como figura de cuidado porque no pudo o no quiso, encima el tiempo que trataba de hacer de padre, lo hacía desde una postura abusiva y critica. Esta ausencia pudo generar daños importantes en el desarrollo de esta niña, cuando es pequeña ella no lo nota.

Sin embargo aquella niña a medida que crece, busca en sus parejas todo aquello que su padre no le dio. Es más, cuando alguien no se lo da, ella es capaz de soportar situaciones abusivas, porque está acostumbrada a ello; y todo con tal de no perder de nuevo a alguien significativo y revivir el dolor de la ausencia.

¿ Esta afectandole la herida que desarrolló cuando era niña? En principio podría parecer que no, sin embargo, la carencia de un padre cuidador se ha trasladado a su pareja y tiene consecuencias en su vida actual.

Las personas que durante largos periodos de su infancia se han visto expuestas a situaciones de daño, no se dan cuenta de ello porque han aprendido a adaptarse a la oscuridad en la que han vivido, pero tiene consecuencias a medida que pasan los años, sobretodo si estamos hablando de una persona que aprende a crecer entre el miedo y la incertidumbre. En ese momento no es consciente pero vive la vida con más tensión, con más miedo, se pone a la defensiva fácilmente, puede desconfiar de su entorno o sujetarse a alguien muy fuerte en busca de seguridad.

Durante la infancia pueden generarse profundas heridas que hacen que desarrollemos una serie de creencias para poder seguir sobreviviendo. Pero para poder comprenderlo primero hay que ponerse en la cabeza y el corazón de un niño; el no es capaz de racionalizar como lo hace un adulto, y crea esquemas de funcionamiento según el mundo en el que esta creciendo.

Para un niño sus padres son el referente máximo, son los que traen el alimento a casa y también el amor y el cariño. Para el son su supervivencia y se asume que por lo menos en su origen, son ellos quienes más deberían quererle en este mundo. ¿ pero que pasa cuando esto no es así? Pues pasa que un niño no puede decir ” cojo las maletas y me voy ” tiene que quedarse con sus padres incluso en situaciones donde la dinámica no es sana, o donde sufren daño fisco o emocional.

Los niños generan una serie de creencias que les permiten sobrevivir en este entorno hostil, estas creencias no suelen ir dirigidas a pensar que su mamá o su papá son malos o no saben como gestionar la ira y hacen cosas que no deben cuando se enfadan, sino que suelen ir dirigidas a si mismos, ” soy malo”, papá y mamá gritan todo el rato, así que tengo que ser bueno y no equivocarme para que me quieran; el problema es que este tipo de creencias pueden mantenerse en la edad adulta sino se toma conciencia y se abordan.

Las heridas pueden ser de diversa indole:

Miedo al abandono

Desarrollar un sentimiento de humillación

Desaprobación

Desvalorización y critica hacia uno mismo

Desconfianza hacia los demás

Miedo a confiar y que te traicionen

Decepción y sentimiento de injusticia

Temor a ser rechazado

El tipo de herida determinará nuestros sentimientos, decisiones o acciones que podamos tener en el futuro.

MANIFESTACION DE TRAUMAS EN LA EDAD ADULTA

Al igual que ocurre con cualquier herida, cuando se roza duele. Y eso provoca reacciones que parecemos no controlar, reaccionamos de forma exagerada ante situaciones que a priori no tendrían porque provocar sentimientos tan intensos, pero la herida sigue abierta y somos sensibles a todo aquello que nos lo recuerde, incluso de forma inconsciente.

Todo comienza casi sin querer, cuando una situación activa los recuerdos. Cualquier motivo es suficiente para activar todas las imágenes mentales asociadas al dolor del pasado. Cada fotografía mental te recuerda que hay algo mal dentro de ti. Al igual que el niño de antes que pensaba que todo era su culpa, el adulto piensa que el problema es el, piensa que por eso está solo, que no puede fiarse de nadie porque todos lo abandonan o que hace siempre las cosas mal y por eso fracasa.

Es entonces cuando de adulto empieza a pasar factura todas las malas vivencias de la infancia, lo inconsciente pasa a ser consciente y con ello vienen la ansiedad, la depresión, sensaciones de culpa, ganas de huir, desasosiego, desesperación estas reacciones son muy habituales.

En este momento solo quieres dejar de sufrir, eres incapaz de sentir más allá de lo que podría ocurrir mañana. Solo piensas a corto plazo y pones en práctica las estrategias que has aprendido. Tus reacciones se disparan.

Ese niño-adulto no quiere reexperimetar de nuevo el dolor del abandono emocional, o sentir que no es lo suficientemente importante para que se queden con el. La razón desaparece y deja paso a la emoción, que condiciona sus reacciones y decisiones de forma bastante rápida. No quiere sufrir y pone en práctica las estrategias que conoce, las que aprendió de pequeño para poder sobrevivir.

La mayoría de estas personas acaban en relaciones de dependencia emocional.

¿COMO SE CURA LA HERIDA?

Curar estas heridas tan profundas requiere de tiempo, paciencia, trabajo y constancia y casi siempre ayuda profesional.

Importante tomar conciencia de la herida.

Profundizar para ser conscientes del sistema de creencias.

Reaprender nuevas formas de responder.

Revivir o reprocesar de alguna forma la situación traumática , para poder reinterpretarla desde una perspectiva diferente.

Imaginar desde fuera el niño que fuimos, conectar con el y como se sentía, hacernos cargo de el como si fuésemos sus cuidadores hoy.

Aprender a autoregular emociones sobretodo en momentos de crisis.

Empoderate poco a poco cada día, confiar en las capacidades y habilidades propias para poder hacerse cargo de uno mismo.

Si has pasado por una infancia traumática y a día de hoy no puedes llevar una vida sin esos sufrimientos del pasado que te crean ansiedad o depresiones continuas no dejes que pase el tiempo sin hacer nada, toma las riendas de tu vida ahora , sino puedes solo busca ayuda; porque todo lo que se deja en el tiempo acaba siendo peor porque las emociones cada vez están más arraigadas y se van haciendo más profundas y sanarlas es mucho más difícil.

Hazte cargo ahora de tu niño interior herido para sanar.

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