Nadie pierde por dar amor, pierde quien no sabe recibirlo

Sabías que no todas las personas saben dar o recibir amor? Cuando comprendemos esto sabemos que debemos sentirnos afortunados, por haber sentido uno de los sentimientos más noble del linaje humano: el amor.

No has perdido nada. Te has conectado con la energía más maravillosa del universo y has experimentado un sentimiento genuino y noble. Por el contrario, la persona que no quiso, no pudo o no supo cómo recibirlo se perdió de mucho. Es ahí donde empiezas a entender que Nadie pierde el amor.

Debes ver que si tu amor no es correspondido estás frente a una gran oportunidad para crecer. Hemos experimentado el hecho de amar a alguien de forma verdadera y créeme no todas las personas pueden decir eso.

¿Sabes quién ha perdido? La persona que no quiso o no pudo corresponder a tu amor. Se ha perdido de recibir un sentimiento único e incomparable en el mundo, y todas las acciones que pudieron haber derivado de este.

Todos nosotros somos un delicado y caótico compendio de historias pasadas, de emociones vividas, de amarguras soterradas y miedos camuflados. Cuando se inicia una nueva relación nadie lo hace enviando previamente todas sus experiencias pasadas a la papelera de reciclaje. Nadie empieza de «0». Todo está ahí, y el modo en que hayamos gestionado nuestro pasado hará que vivamos un presente afectivo y emocional con mayor madurez, con mayor plenitud.

«Es mejor haber amado y perdido

que nunca haber amado en absoluto»

-Alfred Lord Tennyson-

No falta quien se vuelve desconfiado, e incluso quien desarrolla poco a poco la gélida y férrea coraza del aislamiento donde interiorizar el clásico mantra de «mejor no amar para no sufrir sin embargo, es necesario derribar una idea básica en estos procesos de lenta «autodestrucción».

Nunca debemos arrepentirnos de haber amado, de habernos arriesgado a un todo o nada por esa persona. Son esos actos los que nos dignifican, los que nos hacen ser humanos y maravillosos a la vez. Vivir es amar y amar es dar sentido a nuestras vidas a través de todas las cosas que hacemos: nuestro trabajo, nuestras aficiones, nuestras relaciones personales y afectivas…

Si renunciamos a amar o nos arrepentimos por haberlo ofrecido, renunciamos también a la parte más hermosa de nosotros mismos.

Cuando alguien nos ofrece un sentimiento sincero sin pedir nada a cambio no hay nada más bonito que recibirlo, es algo muy hermoso a decir verdad, experimentamos una satisfacción muy grande tanto al dar como al recibir amor de parte de alguien.

Aunque darlo es algo que nos sale, el recibirlo puede ser algo difícil para muchas personas pero no pierde el que da el amor y no lo recibe a cambio sino que quien lo recibe y no lo aprovecha es quien sale perdiendo.

Amar es una decisión, una elección y también un aprendizaje. Nadie nació sabiendo como amar. Por lo general lo hacemos por innatismo, pero también por un nivel de autoestima, cultura y madurez. ¿Pero saben? no todo el mundo puede (o no sabe) amar. Quien lo hace se ha atrevido a vivir un grado de libertad personal que no le asusta. ¿Hay algo más inteligente que querernos como somos y no atacarnos allí donde más débiles nos sentimos?

Con esto, no quiero juzgar a quienes no saben amar o no saben expresar ese amor, porque sé que el amor se siente, pero a expresarlo se aprende. No nacemos con un instructivo que nos diga cómo hacerlo, ni con una llave que abra esas puertas y deje salir y expresar libremente el amor. No sabemos tampoco qué historia personal exista en lo más oculto y profundo de su corazón, puedo pensar que quizá son así porque en su niñez les hicieron falta más abrazos, más mimos, mas “Te quieros” de sus padres, más demostraciones de amor. Quizá sus padres no se tomaron el tiempo para los juegos tiernos y las caricias, vaya, no dieron ni ofrecieron esos pequeños detalles que nos hacen sentir que somos los niños más valiosos a amados. En resumen: nadie los enseño a amar.

Querernos es el punto de partida de todo bienestar emocional, pero también es lo que permite que podamos estar a gusto con los demás y que los demás lo estén con nosotros. Es imposible querer de verdad a alguien si antes no hemos pasado por un proceso de aceptación y abandonamos la costumbre de disociar de nuestras vidas las partes que no nos gustan. Piensa que si no te quieres, nadie lo hará por ti.

La autoestima es la capacidad que tenemos los seres humanos de estimarnos o querernos a pesar de todo lo negativo que tengamos o los fallos que podamos cometer.

Una persona con autoestima sana sabe que otra persona o ella misma es mucho más que sus defectos. Además es consciente de que estamos en continuo cambio y de que nos pueden colgar muy pocas etiquetas que acompañen al verbo ser, porque actuamos de muchas maneras en tiempos y contextos diferentes. Podemos, por ejemplo, decir que alguien ha actuado de forma negativa o mala, pero no podemos concluir por ello que esa persona sea mala.

Ir por el mundo colgando etiquetas es una actitud peligrosa y equivocada. Piensa que a la persona que tienes por sincera contará mentiras y a la persona que tienes por mentirosa contará verdades. La vida de una persona suele tener los suficientes días y pasar por los suficientes estados como para que esta toque los dos extremos de muchas actitudes.

Si utilizamos este sistema de etiquetado con los demás, también es probable que lo utilicemos con nosotros mismos. Así, seremos muy duros con nosotros mismos cuando no actuemos en la dirección que nos gustaría. Una severidad que nos instalará en un estado de tristeza. Cuando te pase, piensa que si no te quieres, nadie lo hará por ti.

Amar siempre merece la pena

Amar, en cualquier caso, siempre habrá merecido la pena, ya que es un signo de vida. Una experiencia única e irrepetible que cambia nuestro mundo, y nuestra forma de ver las cosas. Adquiriendo una sensibilidad especial para apreciar y valorar cualquier acto de amor. La belleza se vuelve más intensa y nuestras emociones son más reconocibles, por lo que nos resulta más sencillo identificarlas.

Al haber amado hemos compartido nuestra intimidad, hemos reconocido la pureza del saber amar, hemos descubierto aspectos que no sabíamos que teníamos y hemos adquirido un mayor conocimiento acerca de nosotros mismos

Al amar nos hemos abierto en esencia para dar lo mejor de nosotros mismos, lo cual nos muestra la gran belleza que poseemos, y lo privilegiados que hemos sido al haber experimentado el amor en todo su esplendor.

Desde un punto de vista emocional, cuando reconectamos con nuestra esencia disponemos de todo lo que necesitamos para sentirnos completos, llenos y plenos por nosotros mismos. Entre otras cualidades innatas, la esencia nos acerca a la responsabilidad, la libertad, la confianza, la autenticidad, el altruismo, la proactividad y la sabiduría, posibilitando que nos convirtamos en la mejor versión de nosotros mismos. Es sinónimo de luz. Así, estamos en contacto con nuestra verdadera esencia cuando estamos muy relajados, tranquilos y serenos. Cuando independientemente de cómo sean nuestras circunstancias externas, a nivel interno sentimos que todo está bien y que no nos falta de nada. Cuando vivimos de forma consciente, dándonos cuenta de nuestros automatismos psicológicos. Cuando somos capaces de elegir nuestros pensamientos, actitudes y comportamientos, cosechando resultados emocionales satisfactorios de forma voluntaria. Cuando logramos relacionarnos con los demás de forma pacífica, constructiva y armoniosa, tratando de comprender en vez de querer que nos comprendan primero.

También estamos en contacto con nuestra esencia cuando dejamos de perturbarnos a nosotros mismos, haciendo interpretaciones de la realidad mucho más sabias, neutras y objetivas. Cuando aceptamos a los demás tal como son, ofreciendo en cada interacción lo mejor de nosotros mismos. Cuando vivimos en el presente, disfrutando plenamente del aquí y del ahora. Cuando permanecemos en silencio y escuchamos con toda nuestra atención las señales que nos envía nuestro cuerpo. Cuando conseguimos ver el aprendizaje de todo cuanto nos sucede. Cuando sentimos que formamos parte de la realidad y nos sentimos uno con ella. Cuando experimentamos una profunda alegría y gratitud por estar vivos. Cuando confiamos en nosotros mismos y en la vida. Cuando abandonamos la necesidad de querer cambiar el mundo y lo aceptamos tal como es, aportando sin expectativas nuestro granito de arena. Cuando reconocemos no saber y nos mostramos abiertos mentalmente a nuevas formas de aprendizaje…

“Ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos”
Buda

Necesitas valorarte para valorar, quererte para querer, respetarte para respetar y aceptarte para aceptar, ya que nadie puede dar lo que uno no tiene dentro de sí.

Se dice que si dentro de ti no existe una paz, que tú mismo hayas creado en tu interior, ninguna relación de pareja te brindara la felicidad que tú mismo no puedas construir.

Sólo podrás ser feliz con otra persona, cuando seas consciente de que incluso eres feliz cuando no estás a su lado. Sólo podrás amar siendo independiente, hasta el punto de no tener que manipular ni manejar a quien dices querer (esto también es una regla general).

Dos personas que se unen por el deseo de hacerse feliz, fracasaran con el tiempo. Dos personas que se unen con el fin de compartir su felicidad propia, lograran una felicidad duradera, y sin ser su fin, harán feliz a la otra.

Lo que hacemos por alguien que queremos, hay que hacerlo y ya, más allá de si está bien o no. Llámese amistad, amor de pareja, amor de madre o hijos

Espero te haya gustado mi último post! Hecho con mucho amor 💝