Adaptarse a los cambios

La vida no siempre transcurre tal y como se planea, a veces da giros bruscos y tenemos que adaptarnos a nuevas condiciones, y es aquí cuando mucha gente entra en pánico.

  Asociar los cambios con el concepto de destrucción. La destrucción de quienes éramos, de lo que habíamos conseguido, de las personas que tenemos a nuestro alrededor.

Lo que ocurre es que desde la infancia y según va pasando el tiempo, las personas creamos y crecemos dentro de un ámbito en el que al final, por costumbre nos vamos acostumbrando. Dentro de este ámbito sentimos seguridad. Por ende, cuando todo esto se ve amenazado, la persona puede sentir que su vida se tambalea, y siente miedo a perder lo que ha construido.

Enfermedades, accidentes, problemas inesperados o  crisis Todo esto puede suponer un antes y un después en todo lo que hemos experimentado y vivido hasta el momento actual.

Sin embargo, esta idea denota un tinte de negatividad y pesimismo. Pues los cambios no únicamente acontecen destrucción e incertidumbre. Los cambios también son la oportunidad de rehacerse, de iniciar una nueva aventura, de volver a abrir cada pequeño mundo y hacerlo crecer.  Cuando algo termina, algo comienza.

Para poder enfrentarse a todos los cambios que acontencen hoy a nivel mundial por ejemplo como el cambio climático, nuevas enfermedades…..se debe entender que la vida es cambio, y que hay muchas cosas de la vida que no puedes controlar, pero si puedes elegir como vivirlas.


EN LA VIDA TIENES QUE VIVIR PREPARADO PARA CUALQUER CAMBIO.



Practicar Mindfulness o meditación puede ayudar mucho a la persona en este sentido. Además de que puede brindar múltiples beneficios que permitirán cuestionar creencias, sentirnos mejor con nosotros mismos, conocernos más, juzgar menos y sufrir menos ansiedad.

Del mismo modo, tenemos que aprender a aceptar lo que nos sucede. Todos los cambios, tanto los que consideramos malos como aquellos buenos que tienen algo que aportar, nos enseñan, nos fuerzan a madurar y a crecer.

La capacidad de aceptación

Aceptar que el acontecimiento ocurrido ha modificado de forma irremediable o de difícil recuperación alguno de los pilares que soportaban nuestra existencia cotidiana, dando lugar a una nueva situación perjudicial o desfavorable no deseada. Esto nos lleva a tener que asumir la irreversibilidad de la situación preexistente e impulsar la adaptación a la nueva. No puede darse la adaptación si mantenemos constantemente en nuestra consciencia el recuerdo del pasado y dejamos que éste influya en nuestra cotidianidad. Además, el aceptar la situación conlleva también de forma implícita otras aceptaciones añadidas:

  • Aceptar que toda situación puede cambiar, ya sea para bien o para mal, lo que hace que la vida tenga necesariamente momentos y situaciones agradables y otras desagradables y de sufrimiento que se intercambian de forma alternativa. La vida nos invita a disfrutar de momentos agradables y placenteros, pero también lleva inserta la semilla del dolor y el sufrimiento que puede germinar en cualquier momento.
  • Aceptar que no podemos controlar gran parte de los sucesos que pueden afectarnos negativamente, bien de origen personal (enfermedades, discapacidades físicas o intelectuales) o bien provenientes de nuestro entorno (accidentes, desastres naturales, conflictos interpersonales, etc.) y la mayoría de las veces nos limitamos a elegir entre las posibilidades que éste nos ofrece.
  • Aceptar aquello que no podemos cambiar de nosotros y/o de nuestro entorno. La nueva situación puede que requiera cambios en la forma de ver y de relacionarse con nuestro entorno, pero no todos los cambios deseados serán posibles.

Si de cambios, adaptación y motivación queremos hablar, para ello, no podíamos empezar de otra forma que utilizando una típica, tópica y conocida frase del naturalista inglés Charles Darwin. “No es la más fuerte de las especies la que sobrevive y tampoco la más inteligente. Sobrevive aquella que más se adapta al cambio.”

En realidad, lo que nos asusta es nuestra idea de adelantar acontecimientos negativos ante la incertidumbre. El inhibidor más grande de los cambios está dentro de uno mismo.

Incluso sabiendo que todo ser vivo nace y en algún momento tiene que morir la mayoría de personas se pasan la vida sufriendo ante este hecho, en vez de tomarlo como un proceso natural de la vida, tener miedo a la muerte es tenerle también miedo a la vida, porque todo va unido.

Lo único verdaderamente cierto es el cambio, pero inexplicablemente todos, en la práctica, parecemos ignorarlo.

¿Cómo desprenderse del miedo?

La vida es cambio y cuando rechazamos esto, el miedo puede acecharnos. ¿Cómo podemos desprendernos de este miedo? Para empezar, tenemos que aceptar que la vida es cambio para así poder continuar con los siguientes consejos.

Deja de preguntarte el por qué de las cosas

¿Por qué tuvo que fallecer?, ¿por qué me dejó por otro?, ¿por qué se rompió?, ¿por qué me despidieron? Yo te pregunto: ¿Por qué te preguntas eso?, ¿acaso crees que se va a solucionar tu problema? ¡Qué más da!

El pasado, pasado está, déjalo ir, no te vayas a crear otro problema ni frustraciones innecesarias por averiguar el por qué. Quizás nunca sepas el por qué de nada y si lo sabes tampoco te va  servir para nada.

Revisa tu diálogo interno



Cuando nos encontremos ante situaciones que prometen un cambio y que nos generan incomodidad o miedo, obligándonos a salir de nuestra zona de confort se nos presentan dos opciones: Fluir con el cambio y dejar que las cosas pasen o quedarnos atrapados en una situación que ya ha caducado. La primera opción significa soltar y avanzar, la segunda negarnos y resistirnos. En el primer caso, podemos experimentar cosas nuevas, recibir bendiciones, mejorar nuestra situación y cambiar para bien. Pero, en el segundo caso lo único que nos espera son problemas, disgustos y mucho sufrimiento. ¿Qué decisión tomarías tú? ¿Por qué no arriesgarnos a que las cosas puedan ser mejores? ¿Qué perdemos cuándo ya la situación es insostenible? ¿Por qué alargar el sufrimiento? Debemos aprender a cerrar los ciclos de nuestra vida.


Los grandes maestros dicen que todo consiste en confiar, en deshacernos de las creencias que nos limitan, en definitiva, en fluir (lentamente, al más puro estilo slow life). Ya lo decía Bruce Lee en su famosa frase: Be water my friend.
 





Para afrontar cualquier cambio primero nos tenemos que conocer, centrarnos en lo que depende de nosotros mismos y ser conscientes de cuáles son nuestros pensamientos internos ante el cambio; según estos pensamientos obtendremos unos resultados u otros. Si vemos el cambio como un problema, no avanzaremos. Si por el contrario lo consideramos un reto y un aprendizaje tiraremos adelante y saldremos crecidos y más SABIOS.

Para crecer como personas debemos aprovechar los cambios de nuestra vida. Tener MIEDO ante estos cambios es contraproducente y paralizante; además, EVITARLOS es IMPOSIBLE, porque siempre y en todo momento TODO CAMBIA.

La mejor actitud ante un cambio es AFRONTARLO de forma activa: ser consciente de la situación y buscar soluciones, sin anticiparse ni generar ideas catastronegativas y a menudo erróneas y catastrofistas que bloquearían el proceso y nos evitarían descubrir y disfrutar de todo lo que nos espera.

La realidad es que vivimos en un mundo en constante cambio, el mundo va rápido y debemos avanzar con él, porque la vida que vivíamos antes ya quedó obsoleta, este es nuevo presente con nuevos retos a los que enfrentarnos, tenemos que desaprender lo antiguo ya que estamos en un nuevo mundo en el que todo va cambiando a velocidad de vértigo.

Ser alguien nuevo cada día.Renovarse o morir!Perder, dejar atrás, cambiar, es algo que inicialmente podría ser doloroso, pero también puede ser liberador y sobre todo fuente de crecimiento y maduración.

El futuro aún no ha llegado

Tenemos una media de 50.000 pensamientos negativos al día. La mayoría pertenecen a situaciones que ya ocurrieron o a las que todavía están por suceder. En estas últimas el miedo es el detonante: aquello que nos asusta se cuela en nuestra mente con bastante frecuencia. Pero la realidad es que la posibilidad de que aquello que tanto tememos finalmente ocurra es muy, muy pequeña.

Entonces, ¿por qué desperdiciar nuestros pensamientos en ello?

Cómo funciona el miedo

Pero, antes de empezar, quiero hacerte caer en algo de lo que, quizás, no te habías dado cuenta, y es que nuestro evolucionado cerebro humano, muchas veces, nos pone en problemas, algo que no le sucede al resto de las especies. Evidentemente, eso es así, porque el objetivo número uno de nuestro cerebro es proteger nuestra vida y, por si acaso, la alerta se dispara siempre, ante cualquier estímulo peligroso, sea del tipo que sea.

¿Quieres que te lo demuestre? Pues te pongo un simple ejemplo:

Si ahora mismo, se te presentara delante de ti un enorme león salvaje, hambriento y enfurecido, sin duda, sentirías miedo por tu vida, y en tu cuerpo se desencadenarían todas las respuestas que ello comporta, ¿verdad? (taquicardia, sudoración, rigidez muscular, repuesta de huida, etc.)

Pero, ahora imagínate que ese león no es real, sino que solo está en tu imaginación. Lo imaginas con todo lujo de detalles, pero solo está en tu mente. ¿Y qué ocurre ahora? ¡Exacto! Las respuestas de miedo que se desencadenan en ti son exactamente las mismas.

Es decir, que, a la hora de prepararte para una respuesta que te proteja frente a un peligro, tu cerebro no distingue lo que es real de lo que es imaginario, ¿comprendes? Y eso significa que, muchas veces, tu miedo es infundado y se dispara frente a algo que solo está en tu mente, aunque tú lo sientas exactamente igual que si fuera real.

Para los miedos que te paralizan a la hora de tomar decisiones

  • Busca un lugar tranquilo y resérvate unos minutos en los que sepas que nadie vaya a interrumpirte.
  • Siéntate en una postura cómoda y relajada.
  • Apoya los pies en el suelo, pon las manos sobre tu regazo y mantén tu espalda erguida, pero, no tensa.
  • Cierra los ojos y realiza unas cuantas respiraciones profundas para centrarte en este momento.
  • Ahora, piensa en una situación pasada en la que hayas sentido mucho miedo. Intenta recordarla, lo más fielmente que puedas. Revívela ahora mismo, con todo lujo de detalles, como si te estuviera sucediendo de verdad en este momento.
  • ¿Puedes recordar qué cosas te decías exactamente? ¿Qué era lo que te pasaba por la cabeza en esos momentos? ¿Qué pensabas? ¿Y tu cuerpo cómo reaccionaba? ¿Qué sensaciones físicas concretas sentías?
  • Intenta rememorar todos los detalles, uno por uno, como si ahora mismo estuvieras viviendo de nuevo esa situación. No te preocupes, no hay nada que temer: todo está solo en tu mente y no corres ningún peligro. Sólo estás imaginando.
  • No huyas de eso y siente tu miedo plenamente, sin ninguna restricción.
  • Ahora, coge papel y bolígrafo y empieza a escribir y decide cuál de los siguientes ejercicios te apetece hacer, o cuál te puede ayudar más en estos momentos:
  • Describe tu miedo y tus sensaciones con todo lujo de detalles, sin dejarte nada:
  • Te puede ayudar observarlo desde fuera, de forma objetiva, como si no fueras tú la que lo está sintiendo, sino otra persona. Intenta observar todo lo que pasa por tu mente y todo lo que sientes en tu cuerpo y, después, escríbe.
  • Escríbelo todo con todo detalle y vuelca todas tus emociones en el papel.
  • Ponerlo por escrito, hace que lo elabores y lo proceses y, seguramente, después de hacerlo, perderá esa carga emocional que tiene y te sentirás mucho mejor.

Vencer el miedo asusta menos que vivir con el miedo que proviene de la sensación de impotencia. Y es que cuando decidimos hacer algo, atrevernos, el miedo se va disipando. Nos sentimos más seguros, confiados. Estamos actuando en nuestro círculo de influencia, estamos haciendo lo que está en nuestra mano para mejorar y vencer el miedo. Y no sólo eso, sino que ese círculo se hace más grande y nos empoderamos. Pero en muchas ocasiones nos quedamos en otro círculo, en el de preocupación. Y ahí sólo podemos sentir una cosa: Impotencia. Nos paralizamos y una pregunta no deja de rondar en nuestra cabeza: ¿Qué pasaría si…? (me quedara sin trabajo, enfermara, mi pareja falleciese…etc) Vemos el futuro desde el miedo, con impotencia, porque no sentimos que somos capaces de afrontar esa situación, porque ese miedo nos bloquea, paraliza. Por eso, ya lo hemos dicho, ante todo ACTÚA. Ponte en marcha, a tu ritmo, poco a poco.





UNA MENTE NEGATIVA NUNCA PUEDE DARTE UNA VIDA POSITIVA

Si eres de los que constantemente sientes miedo a que ocurran posibles desastres, te preguntas casi a diario “¿Qué ocurriría si…?” o tiendes a magnificar las consecuencias pensando siempre en negativo, es posible que tengas pensamientos catastrofistas.

Estos pensamientos te generan unos niveles de ansiedad más elevados ya que la forma en la que interpretamos una situación dará como resultado una emoción derivada y forman un círculo vicioso del cual es cada vez más complicado salir. Sustituye este tipo de pensamientos por unos más positivos.

Imagina que odias que llegue tu cumpleaños porque sientes que te queda un año menos de vida. En lugar de pensar eso podrías sentirte feliz y agradecido ya que es un año más el que has podido vivir rodeado de tus seres más preciados.

Es frecuente que nuestros pensamientos vengan influidos por los pensamientos de las personas que nos rodean ya sean amigos, familiares, pareja,… Los pensamientos y el estado de ánimo de las personas con quien más tiempo pasamos se ve reflejado en nosotros. ALEJATE DE PERSONAS TOXICAS.

Si vivimos cada uno de nuestros días con miedo a morir, llegará el día de nuestra muerte, y ese miedo que hemos sentido a lo largo de nuestra vida, habrá hecho que hayamos desaprovechado nuestro tiempo.

No tiene ningún sentido vivir con miedo a morir, pensando que cada día puede ser el último de nuestra existencia, u obsesionándonos con la idea de que vamos a desaparecer.

Debemos intentar ver la vida como un regalo que se nos ha dado del que hay que aprovechar cada segundo, cada pequeño detalle, y ver que, hasta en los días más oscuros siempre se puede ver algo de luz.

Los miedos son engañosos porque van formando capas, una encima de la otra. Es posible ir quitándolas una a una hasta llegar al miedo del fondo, el fundamento en el que se apoyan todos los demás. Y ese suele ser el miedo a la muerte, supuestamente la causa de todas nuestras desdichas. Sin embargo, nuestros miedos no evitan la muerte, frenan la vida. Hay algo más inevitable que la muerte?No aceptarla significa embarcarnos en un sufrimiento inútil y desgarrador.

Para enfrentar todos los demás miedos hemos de relajarnos frente a la muerte. Todos vivimos con la posibilidad de la muerte, pero para los moribundos se trata de una certeza y en los estudios realizados por la doctora Elizabeth Kubler Ross ellos manifiestan que al hallarse frente a la muerte, el miedo ya no tiene poder sobre ellos porque ya no hay nada que temer, nada que perder. Por desgracia, cuando el miedo ha desaparecido, solemos estar ya demasiado enfermos o viejos para hacer lo que habríamos hecho antes si no hubiéramos tenido miedo.

Tenemos que superar nuestros miedos mientras aún podamos hacer aquello que soñamos.

Avanza un pequeño paso cada día haciendo alguna de las pequeñas cosas que temes hacer. Tu miedo solo tiene un enorme poder sobre ti cuando no lo enfrentas. Cuando actúas por miedo, generas más miedo…

Tenemos muchas palabras para designar las variadas emociones que experimentamos a lo largo de la vida, pero en lo más profundo, solo existen dos emociones: amor y temor. Todas las emociones positivas proceden del amor, todas las emociones negativas nacen del miedo. Del amor brotan la felicidad, la satisfacción, la paz y la alegría. Del miedo provienen la ira, el odio, la ansiedad y la culpa. Los pensamientos que tienes o bien refuerzan tu miedo o bien ensanchan tu amor. El temor crea más temor, especialmente cuando está oculto. El amor crea más amor, se expande a sí mismo. Aprende a usar el poder del amor y la bondad para vencer el miedo.

El miedo siempre se basa en algo que ocurrió en el pasado y hace que temamos a algo que creemos que puede ocurrir en el futuro. Solo el amor es la única emoción real porque sucede en el presente.

Si vives con miedo, en realidad no vives. Si sabemos abrirnos paso a través de nuestros miedos, si somos capaces de aprovechar todas las oportunidades posibles, podemos vivir la vida que tan solo nos habíamos atrevido a soñar.

«¿Qué ocurriría si empezáramos a correr algunos riesgos, si nos enfrentáramos a nuestros miedos? ¿Y si fuéramos más lejos, si persiguiéramos nuestros sueños, si obedeciéramos a nuestros deseos? ¿Qué ocurriría si nos permitiéramos experimentar libremente el amor y encontrar satisfacción en nuestras relaciones? ¿Qué clase de mundo sería este?»




Espero te sirva de ayuda este nuevo post, saludos y gracias por leerme 💝