Cuando no puedes cambiar una situación, cambia tú

“Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”.
Viktor Frankl.

Aceptar no es lo mismo que conformarse

La aceptación entendida como una fase de crecimiento personal es el primer paso para avanzar, para seguir adelante y trasformar nuestra vida.

La aceptación nos inclina hacia la acción, ya que implica una decisión voluntaria de tomar por bueno algo sobre lo que no tenemos dominio y que nos desagrada. Nada tiene que ver con la actitud de abandono que conlleva la conformidad.

Estarás de acuerdo conmigo en que luchar contra un hecho, una situación o una decisión inamovible es un enorme gasto de energía que sólo nos lleva a la frustración y a la impotencia. Supone un gran desgaste emocional y un sufrimiento innecesario.

Ante unas condiciones dadas, la persona que vive la vida desde la aceptación de aquello que no puede cambiar se esfuerza por buscar otras opciones que le lleven a conseguir lo que quiere o lo que le hace feliz, asume lo ocurrido y se centra en poner el foco en otros aspectos que le resulten más agradables o placenteros.

Recuerda que sólo puedes cambiar aquello que depende de ti. Empieza por aceptar lo que no esté en tus manos y, a partir de ahí, decide qué quieres hacer con ello.

Cuando te encuentras ante un problema o situación desagradable lo primero que haces es buscar soluciones, pero hay veces que la solución no está en tus manos, que por mucho que pelees, te indignes o llores no depende de ti que las cosas cambien. Es entonces cuando tienes que aceptarlo, aunque cueste.

Por muy duras que sean las circunstancias, de nada sirve negarlas; cuanto antes asumas la situación, más pronto podrás empezar de nuevo. Recuerda que la aceptación te lleva a la búsqueda de nuevos caminos.

No se trata de conformarte con lo que te ha tocado, sino de tomar conciencia real de lo que te está pasando ahora y buscar la forma de mejorar tu situación de mañana.

Cambiar la forma de afrontar la realidad

Lo que no debemos olvidar es que, ante cualquier situación, lo que sí podemos cambiar es la forma en la que nos enfrentamos a la misma y cómo la vivimos.

Cambiar el punto de vista puede ayudarnos a sobrellevar situaciones duras y dolorosas que tendremos que atravesar a lo largo de nuestra vida.

La resistencia constituye un mecanismo de oposición a la realidad, acompañado de sentimientos a rabia, el asco, el rechazo o la indignación, es decir, todo un movimiento emocional que nos priva de la calma y la lucidez, turbiándonos el entendimiento la mayoría de las veces.

Y aunque el origen del rechazoy la resistencia sea completamente natural, ya que todos los seres vivos tratamos de evitar aquello que nos perjudica o hace daño y nos aproximamos a lo que nos favorece, el problema se origina o surge cuando aquello que no nos gusta presenta la característica de inevitable, por lo que no nos queda más remedio que afrontarlo.

Así, malgastamos nuestra energía en el conflicto interno que albergamos, en lugar de buscar o encauzarnos por el camino o solución correcta.

Muchos de nuestros pensamientos nos hacen sufrir innecesariamente o aumentan nuestros problemas.
Cuando esto sucede, es importante analizarlos y cambiarlos. En ocasiones podemos hablar de pensamientos negativos, pero con frecuencia, se trata de pensamientos equivocados o distorcionados.

Nuestra forma de pensar o el estilo de pensamiento que predomina en nosotros, es aprendido y por lo tanto, lo podemos modificar y aprender a pensar, de una manera que nos ayude a sentirnos mejor y a obtener lo que deseamos.

Reconoce el dolor que estás sintiendo

El primer paso para cambiar es reconocer lo que te ocurre. La sociedad nos presiona de tal manera que hemos llegado a creer que el dolor emocional sólo le ocurre a las personas débiles. Eso es falso, el dolor emocional es parte de la vida. Algunos individuos intentaran quitarse los problemas del medio sin afrontar la realidad, algo que sólo enmascara el sufrimiento emocional, porque, en realidad, seguirá estando ahí. Por tanto, reconocer el dolor emocional es necesario para avanzar.

Guarda como un tesoro a aquellos que te comprenden y te quieren de manera incondicional

Estas situaciones dolorosas pueden tener su parte positiva. Una de ellas es que realmente te das cuenta de las personas que merece la pena conservar. Así que, en esos momentos malos, reconoce a tus verdaderos amigos y conservarlos. Porque si los necesitas en futuro, seguirán estando ahí para ti.

LA ACEPTACIÓN RADICAL

Practicar la aceptación radical simplemente significa que estás reconociendo la realidad, que reconoces lo que sucedió o está sucediendo, porque luchar contra ello solo intensificará tu reacción emocional.

Aceptar no significa agitar una bandera blanca y darte por vencido. Al contrario, cuando aceptas la realidad tomas el mando porque puedes valorar si quieres o vale la pena cambiarla. Puedes decir: “Vale, esto es lo que está ocurriendo. ¿Cómo puedo gestionarlo?

La aceptación radical es una técnica que forma parte de la Terapia Dialéctica Conductual desarrollada por Marsha M. Linehan, una psicóloga de la Universidad de Washington, aunque ha sido Tara Brach, psicóloga y profesora de meditación y budismo, quien la ha popularizado. De hecho, la aceptación radical tiene sus raíces en la filosofía budista, según la cual es fundamental abandonar las expectativas irreales, que son las que alimentan el sufrimiento.

Según Tara Brach, la aceptación radical es “reconocer con claridad lo que estamos sintiendo en el presente, de manera que podamos lidiar con esa experiencia con compasión”. Carl Rogers también se refirió a la aceptación: “La curiosa paradoja es que solo puedo cambiar cuando me acepto a mí mismo tal como soy”. Y hace ya varios siglos William James escribió: “La aceptación de lo que ha sucedido es el primer paso para superar las consecuencias de cualquier desgracia”.

La aceptación radical significa aceptar la vida sin resistirse a todo aquello que no podemos cambiar. Por tanto, implica decir sí a la vida, tal como es, tal como viene.

Las personas dicen a menudo: “No puedo soportarlo”, “No puede ser verdad» o “No debería ser así”. Es como si pensáramos que negarnos a aceptar la realidad evitará que sea verdadera.

Sin embargo, luchar contra la realidad es agotador, y no funciona. Rechazar lo ocurrido no cambia la situación sino que suma otras emociones negativas al dolor que ya sentimos.

Por supuesto, aceptar la realidad es difícil, sobre todo cuando es dolorosa. Nadie quiere experimentar dolor, decepción, tristeza o pérdida. Pero esas experiencias forman parte de la vida y cuando intentas evitarlas o resistirte, solo añades más sufrimiento al dolor.

La aceptación radical es una vía para dejar de sufrir y adoptar un papel más activo. Se trata de asumir que la vida está llena de experiencias que disfrutas y otras que no te gustan. De hecho, cuando te alejas o intentas evitar la tristeza y el dolor, también disminuye tu capacidad para sentir alegría.

La evitación de la realidad también puede dar pie a comportamientos autodestructivos como las adicciones, que pueden ser útiles para evitar el dolor a corto plazo, pero que a la larga solo empeoran la situación.

La aceptación radical te propone convertir tus pensamientos rumiativos en pensamientos de aceptación, como por ejemplo: “Estoy atravesando esta situación, es dolorosa y no me gusta, pero asumo que no puedo cambiar lo que ocurrió y sé que estaré bien”.

La vida te da muchísimas oportunidades para practicar la aceptación radical. Si tienes un problema por resolver, puedes comenzar por ahí. Si decides que no puedes resolverlo, prueba a cambiar tu percepción sobre el asunto, tu actitud y expectativas ante el problema. Si tampoco puedes cambiar tu percepción del problema porque realmente representa un duro golpe, entonces practica la aceptación radical.

Comienza concentrándote en tu respiración. Céntrate en los pensamientos que vienen a tu mente sobre esa situación, pensamientos del tipo “no es justo” o “no podré soportarlo”. Analiza cómo esos pensamientos exacerban las sensaciones negativas y te hacen sentir peor. Toma nota de esos pensamientos y emociones y no te aferres a ellos, deja que pasen como si fueran nubes.

A continuación, repite en tu mente: “Es lo que es”. Repite ese mantra varias veces. Asume que lo que te molesta ya ha ocurrido, que forma parte del pasado y que ya no puede afectarte, lo que te afecta son los pensamientos y emociones que ha generado.

DEFINICIÓN DE CAMBIO: acción de cambiar. CAMBIAR: modificar, hacer diferente, variar…

Parece que cambiar no nos tendría que suponer ninguna dificultad; de hecho es algo inherente a la realidad, a la época en que vivimos y a nosotros mismos, ya que cambiamos desde que nos conciben. Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto aceptar y asumir los cambios? ¿Por qué somos reticentes e intentamos evitarlos en muchas ocasiones?

Todo cambio pasa por 3 fases:

Impacto: se caracteriza por confusión, bloqueo, miedo, sentimientos de pérdida, idealización del pasado, inseguridad, resistencias y conductas de boicot. Es una fase muy emocional. En este sentido, es importante reconocer todas estas emociones, y destacar lo positivo.

Elaboración: se caracteriza por una racionalización de la situación de cambio. Aparecen nuevas creencias y conductas, y la persona hace una autovaloración de sus capacidades y una planificación. En esta fase se tiene que recuperar el poder personal de decisión.

Acción: tiene que partir de las fortalezas de la persona y tiene que ir de menos  compleja a más compleja.

Para afrontar cualquier cambio primero nos tenemos que conocer, centrarnos en lo que depende de nosotros mismos y ser conscientes de cuáles son nuestros pensamientos internos ante el cambio; según estos pensamientos obtendremos unos resultados u otros. Si vemos el cambio como un problema, no avanzaremos. Si por el contrario lo consideramos un reto y un aprendizaje tiraremos adelante y saldremos crecidos y más SABIOS.

Los problemas no son la razón por la cual una persona vive una vida difícil y miserable, la mayor parte del tiempo es simplemente una cuestión de perspectiva. Esto es motivado a que muchas veces la mayoría de la gente se deja agobiar por los problemas y estos salen a relucir en su vida a través de sentimientos de ira, miedo y ansiedad. Estos sentimientos negativos paralizaran a una persona para que no pueda seguir adelante e intente buscar una simple solución a su problema.

“La mayoría de las personas gastan más tiempo y energía estando alrededor de los problemas que en tratar de resolverlos.”
Henry Ford

Un cuento precioso de positivismo

Creencias Limitadoras:

Cuando buscamos un cambio, a veces los impedimentos para el mismo pueden venir de nuestras propias creencias limitadoras.  A veces ni siquiera somos conscientes de ellas. Por lo que hemos de analizar nuestras creencias y valores detectar si existe alguna creencia limitadora que nos está saboteando.

Si  cambias tus creencias limitadoras por potenciadoras  tu experiencia vital será completamente diferente.

No son las circunstancias de nuestra vida las que nos configuran, sino nuestras creencias acerca de lo que significan para nosotros esas circunstancias.

Por ejemplo: ante una misma situación o ambiente, dos personas pueden actuar de manera completamente diferente según sus creencias y el significado que atribuyan a dichas situaciones.

La automotivación es esencial al iniciar el proceso de cambio, y hemos de motivarnos cada día, recordar nuestro propósito. Así como comemos cada día para dar energía a nuestro cuerpo, hemos de motivarnos cada día para darnos energía emocional: al menos hasta que consigamos un “cable gordo”. Una vez que instauramos ya el cambio y lo afianzamos, no será necesaria tanta energía para mantenerlo.

Tu Plan de Acción al cambio debe incluir repetición, debes entrenarte, si el cambio no llega a instaurarse es porque no lo has trabajado y entrenado lo suficiente.

Es importante poner el FOCO en lo que queremos, en lugar de en lo que ya no queremos y queremos cambiar. No me sirve de nada quedarme en la queja y pensar “otra vez he vuelto a lo mismo”, “esto no cambia nunca”.. es mejor poner el foco de atención en lo que voy a hacer al respecto, en las pequeñas mejoras, en los avances. Recuerda que al atender a ello hará que refuerces el cable apropiado 

Si no aceptamos la realidad y deseamos que las cosas sean distintas, nos condenamos a sufrir inútilmente. De hecho, muchas veces ese sufrimiento es el resultado de nuestras reacciones emocionales, actitudes y pensamientos, más que de las consecuencias del problema en sí.

“Si no consigues lo que quieres, sufres. Si consigues lo que no quieres, sufres. Incluso cuando obtienes exactamente lo que quieres, sigues sufriendo porque sabes que no podrás tenerlo para siempre. Tu mente crea esa situación”, escribió Sócrates.

Cuando nada nos satisface y supeditamos continuamente nuestra felicidad a alcanzar ciertas cosas, corremos el riesgo de pasarnos toda la vida esperando un futuro mejor que nunca llega. Muchas personas creen que serán felices cuando su situación cambie, cuando consigan un trabajo mejor o hallen a su media naranja. Piensan que solo podrán disfrutar de la vida cuando logren eso que tanto ansían. 

El problema de esta mentalidad es que solemos sobreestimar la felicidad que generan algunas situaciones, como demostró un estudio realizado en el Imperial College de Londres. Estos psicólogos dieron dinero a un grupo de personas para que lo invirtieran y les pidieron que estimaran cómo se sentirían en caso de que ganaran o perdieran. También reclutaron a un grupo de estudiantes que estaban a punto de enfrentarse a un examen y les preguntaron cuán felices o tristes se sentirían según la calificación obtenida

Su objetivo era evaluar nuestro nivel de precisión al estimar las reacciones emocionales. Descubrieron que no somos muy exactos: ni nos sentimos tan tristes como pensábamos cuando nos ocurre algo negativo ni nos sentimos tan felices como esperábamos con los eventos positivos.

A veces la vida nos somete a duras pruebas, pero cerrar los ojos ante lo que sucede no cambiará los hechos, al contrario, puede conducir a la aparición de trastornos psicológicos debido a la represión de los contenidos emocionales que siguen perturbándonos desde el inconsciente. “A lo que te resistes, persiste“, decía Jung.

No te ahogues en las quejas, busca soluciones. Lamentarte por lo que te ha ocurrido no cambiará la situación. Hasta cierto punto puede ser catártico, pero si te quedas atascado/a en las quejas te convertirás en una víctima de las circunstancias.

Las quejas que no conducen a un plan de acción son una pérdida de energía, una energía que podrías usar de manera más inteligente para buscar soluciones alternativas. Pregúntate qué es lo que te molesta y qué puedes cambiar realmente de tu situación para mejorar.

Aceptar el cambio a través de la meditación

La Ley de la impermanencia es un principio budista que nos enseña a comprender que la resistencia al cambio es un camino erróneo, ya que si hay algo imparable es la constante trasformación de cuanto nos rodea, de nuestro cuerpo y mente.

Elegir el camino de la aceptación ante los cambios nos ayudará a vivir en armonía, a afrontar con mayor entereza cuantos problemas se nos presenten en la vida y a mantener nuestro bienestar y paz interior.

Para conseguirlo es preciso, en primer lugar, interiorizar el hecho de que nada permanece. La meditación es un arma poderosa que te ayudará en este y en otros sentidos.

Beneficios de la meditación para aceptar el cambio

Los beneficios de la práctica de la meditación son numerosos: te enseña a frenar los pensamientos poco constructivos, te ayuda a calmar el cuerpo y a tomar consciencia del momento presente.

Cuando se practica meditación se experimentan importantes mejoras tanto físicas como emocionales, y se activa la parte más creativa de nuestro cerebro, de la que surgen los pensamientos positivos y las ideas.

Al poner freno al estrés psicológico y a los pensamientos negativos, estamos más preparados para entender y asumir ciertas realidades, como la impermanencia, y podemos hacerles frente con calma y sabiduría.

En las clases de meditación se aprenden técnicas de control mental, con ejercicios de atención plena, que nos muestran la capacidad que todos tenemos para elegir una actitud frente a la vida que sea más acertada y nos ayude a ser más felices.

Una vez que sabemos meditar, podemos hacerlo en cualquier momento que queramos y basta con unos diez minutos al día para que obtengamos buenos resultados.

La meditación es una práctica de enorme utilidad para alcanzar la felicidad: nos enseña a ser flexibles ante lo que no podemos controlar, como los cambios, y nos ayuda a encontrar las herramientas que tenemos en nuestro interior para tomar el control sobre nuestros pensamientos y nuestras emociones.

Espero te guste mi nuevo post, te envío un abrazo 💝