Eres más fuerte de lo que piensas

Parece que hay momentos en los que todo se da la vuelta y se rebela en tu contra. Eso te rompe y hay algo que grita de impotencia en tu interior. Parece que ser fuerte no es una posibilidad. Todo se derrumba. Desde luego, es complicado recomponerse cuando es el mundo el que te ha fallado, cuando te sientes solo cuando crees que nada puede ir peor.

La historia de las dos ranas, un ejemplo de ser fuerte

Una vez, dos ranas que cayeron en un recipiente de crema y sintieron que se hundían. Era complicado nadar o flotar mucho tiempo en aquella masa espesa como arenas movedizas. Al principio, las dos patalearon en la crema para llegar al borde del recipiente y solo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Cada vez era más difícil salir a la superficie y respirar. Una de ellas dijo en voz alta:

No puedo más. Es imposible salir y, ya que voy a morir, no veo para que prolongar este dolor. No tiene sentido morir agotada por un esfuerzo estéril.

Y dicho esto, dejo de patalear y se hundió con rapidez, siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco. La otra rana, más resistente o quizás más tozuda, se dijo:

–Es muy difícil avanzar en esta cosa, pero seguiré intentando a ver si encuentro el camino adecuado. No me daré por vencida, lucharé hasta mi último aliento, todo el tiempo que sea necesario y que pueda soportar.

Y siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar un centímetro. Horas y horas. Y, de pronto, de tanto patalear y agitar, agitar y patalear… La crema se transformó en manteca. La rana sorprendida dio un salto y, patinando, llegó hasta el borde del recipiente; desde allí, se fue croando alegremente de regreso a casa.

Nunca debemos rendirnos. Siempre hay una posibilidad de salir a flote ‌aunque nos parezca descabellada o no la contemplemos. De hecho, las situaciones adversas suelen sorprendernos por su capacidad para hacernos mirar la situación desde diferentes perspectivas.

Todos lo tenemos claro, en el libro de nuestra vida también hay epopeyas, también hay retos que no pedimos, tragedias que nos vinieron dadas y pruebas de valor que estamos obligados a sortear. Sin embargo, en esta narrativa del día a día donde a menudo se nos ve como héroes porque podemos con todo y donde no osamos emitir una queja o una lágrima, hay una falta de ortografía que cometemos de forma constante: descuidarnos a nosotros mismos.

En una fase de tristeza es importante que cuides de ti y descanses durante más tiempo para hacerte la vida más cómoda. Deja de vivir en hipótesis y asume las certezas de la propia vida para centrarte en tu realidad tal y como es ahora.

Eso te ayudará a evitar frustraciones innecesarias. Quedar pegado al plano de las hipótesis te hace quedar a la espera de algo que a día de hoy es una incógnita.

Irremediablemente la vida nos traerá conflictos, decepciones y derrotas que habremos de enfrentar. En esos momentos la fortaleza emocional constituye el mejor aliado para navegar las turbulentas aguas sin terminar hundidos. Solo quien posea los recursos psicológicos necesarios logrará salir airoso y fortalecido de las adversidades.

Si bien una gran parte de esta fortaleza está condicionada por nuestra herencia y nuestros aprendizajes tempranos, no estamos maniatados. Todos tenemos la capacidad de desarrollar nuestras habilidades y potenciar nuestra fortaleza interior. Que lo que siempre fuiste no te impida ser lo que deseas.

Fortaleza emocional

La fortaleza emocional podría definirse como el conjunto de recursos psicológicos que nos ayuda a afrontar situaciones adversas sin terminar desorientados y paralizados. Consiste en tener la capacidad de mantener la calma, mirar la situación con perspectiva y tomar acción para adaptarnos al cambio.

Quienes carecen de fortaleza emocional suelen tambalearse ante los más pequeños vaivenes de la vida. Se perciben a si mismos como seres débiles y faltos de herramientas. Se instalan en la negatividad, la indefensión y el victimismo y se ven incapaces de manejar su propio timón ante olas de tal calibre.

Por el contrario, quienes encuentran su fuerza interior aceptan la dificultad como parte del trayecto. Saben reconocer sus recursos y no dudan en ponerlos en práctica. Son capaces de fortificar un lugar seguro en su interior que les proporcione la calma para abordar las condiciones externas.

Cada estado emocional es el resultado directo de un proceso de pensamiento. Si careces de fortaleza emocional es muy probable que acostumbres a tener pensamientos negativos, derrotistas y desalentadores. Ante un mismo problema tenemos la decisión de enfocarlo de maneras diferentes.

Podemos repetirnos mentalmente que es una situación dramática, que no tenemos la posibilidad de hacer nada al respecto, que es lo peor que podía pasarnos, que no lograremos salir adelante. De esta forma nos invadirán sentimientos de angustia, miedo y desesperanza. Quedaremos paralizados y desconcertados y actuaremos de forma impulsiva y descontrolada.

Por otro lado, podemos optar por respirar profundo y mirar la situación con perspectiva. Podemos recordarnos, mediante nuestros pensamientos, que somos plenamente capaces de hacer frente a lo que ocurre. Que todo tiene solución y todo es pasajero. Así experimentaremos sentimientos de confianza, seguridad y optimismo, y seremos capaces de tomar las decisiones acertadas para adaptarnos al cambio que está aconteciendo.

Entrénate en desdramatización

Examina aquellas características propias que ves como imperfecciones y pregúntate: ¿y qué? Saber distanciarse de las cosas es también eso, comprender que aquello que no es como nos gustaría y no se puede cambiar no debe tener el poder de frenarnos. Esa sería una limitación totalmente injustificada, una barrera que nos ponemos a nosotros mismos y que nos amarga la existencia sin que nos planteemos por qué la estamos manteniendo ahí.

Ante una situación difícil es importante que aprendamos a tomar las riendas y concentrarnos en actuar de un modo constructivo pase lo que pase.  Tenemos que tomar el control y no dejarnos llevar constantemente por el torrente de emociones que nos producen nuestras experiencias.

La regla del 40%

Los NAVY Seal son famosos por su exigente entrenamiento físico, que a menudo los lleva al límite de sus fuerzas. Según ellos, somos capaces de soportar mucho más de lo que creemos y llegar más lejos de lo que nos proponemos.

Estos soldados afirman que cuando nuestra mente dice “basta”, en realidad solo hemos llegado a un 40% de nuestra capacidad. Por tanto, cuando creemos que ya no podemos más y estamos dispuestos a tirar la toalla, todavía tenemos un gran margen por delante: un 60% más.

Por supuesto, estas cifras son meramente orientativas, lo más importante es el mensaje que se encuentra en su base: en ciertas situaciones, cuando estamos a punto de abandonarlo todo, lo que nos detiene y desmotiva no es la falta de energía sino tan solo un bloqueo mental.

La regla del 40% es una herramienta muy útil cuando estamos en situaciones difíciles ya que nos ayuda a superar nuestros límites y cambiar la perspectiva, nos indica que podemos dar un paso más allá, y luego otro, y otro…

La primera etapa a enfrentar es cuando nos vemos superados por cualquier circunstancia. Cuando el mundo que conocemos, y todas las creencias que lo acompañan se hacen añicos. Es cuando reconocemos que lo que hasta el momento sabíamos ya no es así, y nuestra vida nunca vuelve a ser como antes.

Y por mucho que este estado de perturbación sea incómodo, también es inevitable. Porque el fin de alcanzar más fortaleza mental, requiere que primero dejemos de lado lo que pensábamos que era verdad, sobre nosotros mismos, sobre el mundo, y sobre otras personas. Con ello, nuestra mente ganará flexibilidad y apertura y estaremos mas cerca de la fortaleza mental.

Si le preguntas a la gente con fortaleza mental sobre su vida antes y después de ser fuertes, te dirán dos cosas: que su fuerza es directamente proporcional a los desafíos que enfrentan y que sus vidas ahora tienen mucho más significado.

Lo que están diciendo es que están en la búsqueda del sentido que encontraron a raíz de enfrentar difíciles (e incluso devastadores) eventos que les hicieron fuertes.

La fortaleza mental también pasa por tener que encontrar una razón para seguir adelante, cuando no parece posible discernir sobre lo que es importante en la vida. Porque lo que funciona, puede no ser lo que se supone que funciona y puede que no sea lo más importante.

REESCRIBE TU VIDA

Una narrativa de vida es lo que nos decimos a nosotros mismos acerca de nuestra vida. Es lo que nos decimos a nosotros mismos acerca de nuestra autoestima, nuestra capacidad y nuestra fortaleza mental.

Y para las personas mentalmente fuertes, su narrativa es completamente diferente de lo que era antes, porque las narraciones de la vida no se nos dan ya hechas y no son estáticas tampoco.

Las narrativas se van formando a través de la vida que llevamos, las decisiones que tomamos y las atribuciones que asignamos a los acontecimientos que suceden en nuestras vidas.

Y lo que las personas con fortaleza mental te dirán, es que hubo un momento en que no se sentían fuertes, cuando no se veían a sí mismos de la forma en que ahora lo hacen. Pero también te dirán que para llegar a donde están ahora, hubo un proceso de reescritura.

Ellos tuvieron que desafiar la narrativa de su vida. Tuvieron que redefinir y reescribir quiénes eran, cómo se veían a sí mismos, y cambiar lo que se dijeron a sí mismos. En última instancia, fueron ellos los que se definieron a sí mismos como personas con fortaleza mental.

Espero te sirva de ayuda este post, un fuerte abrazo 💝