Se humilde, la vida da muchas vueltas

La humildad que nace del corazón no sabe de artificios. Es una apertura interior que se proyecta en los demás para reconocerlos, para ofrecer respeto y confianza; es mirar con los ojos descalzos sabiendo apreciar las cosas sencillas.

Porque la vida da muchas vueltas y no sabes donde te puedes encontrar el día de mañana, nunca mires a nadie por encima del hombre ni te creas superior, he visto gente caer desde lo más alto y necesitar ayuda de aquellos que una vez miró por encima del hombro.

En ocasiones, nos acostumbramos a ver en el día a día ese tipo de comportamientos citados al inicio. Personas habituadas a priorizarse a sí mismas, a cubrir sus necesidades pasando por encima de los demás, a dejarse llevar por un día a día donde experimentar la vida lo más rápido posible.

En muchos de estos perfiles se ve lo que el sociólogo Zygmunt Bauman llama las relaciones líquidas , relaciones de amistad o de pareja con las que construimos unos vínculos tan fugaces como débiles. Tanto, que acaban de modo precipitado y en ocasiones, sin necesidad de darse un adiós cara a cara. Basta con «eliminar la amistad» en las redes sociales.

En este tipo de comportamientos se lee muchas veces una falta de conocimiento interior. De proyección, de madurez emocionales y porqué no decirlo, de humildad.

La humildad que nace del corazón tiene un pleno conocimiento del sí mismo. Y al saber de forma plena como es uno, puede a su vez reconocer las necesidades del otro. Es la sutileza de la empatía más sabia, es saber mirar al mundo con una mente abierta para captar cada matiz, cada emoción.

Ser humilde de corazón es un sano ejercicio que practicar cada día y que nos puede aportar grandes beneficios. Es aprender a llevar una vida sencilla descubriendo el valor de lo que es importante: el amor, la amistad, la felicidad cotidiana… Es saber reconocer y saber perdonar. Es mirar al mundo con esperanza y el alma satinada de armonía.

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 ‌Las personas humildes no se vanaglorian de sus éxitos. Practicar la humildad es un ejercicio diario que se mueve con la responsabilidad de hacer las cosas bien, de comprometerse, de hacer lo que toca y lo que es necesario, con autenticidad.

Personalmente nunca me ha impresionado nadie por sus títulos, ni por su dinero, lo que de verdad me impresiona de alguien es su humildad y su corazón, eso es lo que al final me cautiva de una persona.

Las cosas pequeñas son las que tejen los actos verdaderamente importantes, esos códigos sencillos que tanto nos aportan: una sonrisa una palabra, un gesto de empatía… códigos que no se compran, sino que salen desde lo más profundo de nuestro ser; aspectos que se instalan en nuestra memoria y que nos aportan la verdadera felicidad.

Saber escuchar, saber entender los silencios, ser receptivos, cercanos, cómplices y sinceros, son características que definen a las personas humildes. Esas que tanta confianza nos aportan y donde deberemos buscar a los verdaderos amigos.

La humildad no significa que uno se muestre menos que otras personas. Es muy importante que comprendas esto y que entiendes que es una concepción muy errónea, de lo que en realidad se pretende con este valor. Ser humilde quiere decir que jamás dejarás de tener los pies sobre la tierra y aprenderás a darle a las cosas y a las personas, el reconocimiento que de verdad se merecen.

También significa que no te vas a olvidar de quienes te han ayudado a lograr tus metas y hacer tus sueños realidad. Es increíble como hay gente que fácilmente se desprende de quienes le han ayudado y no vuelve a mirar atrás. Hacer esto es una equivoación, puesto que nunca sabes cuando vas a volver a necesitar una mano amiga o un buen consejo. La arrogancia podría llevarte a estar más solo de que te imaginas, incluso si has logrado todo lo que has querido. Y también puede provocar que pierdas lo que tanto esfuerzo te ha costado.

Aprende a perdonar y a ver el mundo con más humildad, como quien observa a una criatura que está creciendo y que necesita aprender. No se trata de ganar o perder cosas, sino de experimentar una felicidad cotidiana y humilde. Con ella, aprenderemos a ser mejores personas y, a su vez, a hacer felices a otras.

Lo que no es humildad

No debe confundirse la humildad con la baja autoestima, la timidez, los sentimientos de inferioridad o la autodegradación. Si bien ser humilde implica reconocer las propias dificultades, defectos y límites, no supone hacer alarde de las propias miserias. La humildad es vivir en la verdad, aceptando que no somos perfectos. La humildad no es rebajarse, sino ser realista. Muchas personas creen que son humildes y en realidad por su baja autoestima están todo el tiempo hablando de lo desgraciados que son y eso es más bien una forma encubierta de orgullo. 

La verdadera humildad no es estar mirando siempre la propia pequeñez, comparándose con los otros. Porque compararse es dar vueltas sobre uno mismo y se pierde de vista a los demás. Las personas humildes no necesitan competir, no andan buscando rivales. No ceden a toda costa ni se dejan aplastar por los demás, simplemente tienen otra mirada más amplia y más profunda sobre la realidad y no se atan a discusiones estériles.  La humildad no es tanto una virtud que conquistar para el propio perfeccionamiento, lo cual muchas veces degenera en orgullo, sino el reconocimiento de la verdad de mí mismo en paz. 

Humildad es autenticidad

La humildad es un signo de madurez psicológica y espiritual, de gran libertad interior. Antes que una serie de actitudes para adoptar, la humildad es un modo de ser y de relacionarse con los demás. Caracteriza al ser humano por el modo de aceptarse a sí mismo y de valorarse. 

¿Y quién mejor que el humilde, para oír, ver y callar? ¿Y qué te engrandece más que engrandecer a los demás?

El poder de la humildad siempre te ayuda a poner los valores humanos por delante de cada decisión y acción, apartando intereses particulares y o personales.

¡Qué gran lección da el humilde al egoísta!

Solo la pequeñez, descubre la inmensidad.

El poder de la humildad es el mayor signo de sabiduría porque te descubre el arte de vivir y de saber conducirse en la vida. Los más sabios, son humildes.

El poder de la humildad te permite interpretar la música de la vida, deleitándote con cada una de las notas y sintiéndolas una a una en tu interior.

Porque en el concierto de la vida cada músico lee la partitura, acaricia humildemente su instrumento y escucha de cerca su melodía ,convirtiéndola en una gran sinfonía, mientras forma parte importante de la gran orquesta, tan solo con el poder de la humildad de cada nota musical.

Admitiendo nuestras equivocaciones y aprendiendo a pedir perdón cuando sea oportuno: esta quizá sea una de las actitudes que más nos cueste asumir porque nos pone de cara a nosotros mismos. Por esa razón, saber perdonar y aprender de los errores nos hace humildes.

El que con perspicacia reconoce la limitación de sus facultades, está muy cerca de llegar a la perfección»

-J. W. von Goethe-

La valía de una persona no se mide por sus posesiones o bienes materiales

Este reparto desigual de la riqueza afecta de forma negativa a la propia sociedad. Una persona cercana y humilde es aquella que no da más importancia a quienes más tienen, sino que centra las conversaciones y los lazos personales, en afinidades y aspectos que van más allá de esta cuestión.

Relaciones de igualdad, estos son los lazos verdaderamente sanos y positivos

Tú no eres más que nadie, tampoco menos que nadie. Tú eres especial y te sientes de este modo en muchos momentos. Pero las personas que te rodean también se sienten así en otras ocasiones. Por tanto, desde esta perspectiva de igualdad, intenta corregir cualquier actitud que te lleva a posicionarte en un rol de superioridad o inferioridad respecto a los demás. Somos humanos y podemos equivocarnos. Lo más importante es corregir esos errores que no son propios de alguien sencillo.

Tu verdad no es la única que importa

No siempre tienes la razón. En cualquier hecho que afecta a una relación interpersonal, existen dos puntos de vista distintos. No deberías encerrarte en tu propia visión. Más allá de este hecho, las personas sencillas saben que lo determinante no siempre es tener razón cuando la diferencia de criterio respecto de un asunto poco trascendente puede derivar en la ruptura de esa amistad por culpa del orgullo.



Espero te guste mi último post y te sea de ayuda 💝