Como superar situaciones difíciles

«La vida no es la forma en que se supone que debe ser, sino que es lo que es. La forma en la que le haces frente es lo que marca la diferencia»

-Virginia Satir-

Incluso en la situación más desesperada hay  Esperanza más fácil de decir que de aplicar, pero es posible salir del hoyo y superar lo que sucede. Mucha gente lo ha hecho. No es fácil, pero nadie dijo que lo fuera.

Sabes por experiencia propia que todo pasa, que nada dura para siempre. Esa situación de dolor y angustia que sientes también pasará. Da igual lo abrumadora o intensa que sea. Pasará también. Así que no te aferres a tu dolor para superar. Déjalo fluir, siéntelo, pero sin apego.

Eres fuerte, tan fuerte como quieras ser

Hay fuerza y fortaleza dentro de ti, tanta como quieras. Solo tienes que sacarla. Si no sabes cómo de fuerte eres es porque todavía no has necesitado usar esa fuerza encerrada en tu interior. Ante una situación difícil, tienes la oportunidad de liberar esa fortaleza interior.

No te concentres en lo que no puedes controlar

Ante situaciones difíciles hay muchas cosas que no puedes controlar. Pero nos aferramos a ellas, intentamos buscarle explicación y encontrar a los culpables. Y en ese intento de control nos aferramos a la ira y al dolor.

Invierten esfuerzos en lo que vale la pena

En segundo lugar, las personas con una gran fuerza interior saben que hay cosas en las que no pueden influir ni cambiar, por lo tanto, no gastan sus energías en ellas. Por el contrario, se enfocan en aquello que está en sus manos y trabajan incansablemente para poder llevar a cabo lo que desean.

Esto se puede aplicar a cualquier ámbito de la vida diaria. Por ejemplo, si estamos en un embotellamiento de tránsito, ¿De qué nos sirve gritar, enojarnos o perder el control? Mejor es enfocar las energías en algo más productivo, como escuchar música, aprovechar para pensar en nuestro plan del día.

Todo tiene un sentido: búscalo

Todo en la vida tiene un sentido, una razón, algo que aportar. Solo tienes que buscarlo. Confía en que puedes aprender algo bueno de todo lo que te pasa, incluso de lo más doloroso. No intentes comprender ni manipular la situación. Simplemente deja que ella te ofrezca algo que puedas aprovechar para aprender.

De dónde surge el dolor?

Uno de los ejercicios más difíciles es encontrar el origen del dolor y ser capaces de mirarlo a los ojos. Eso aumenta nuestro sufrimiento, pero es necesario para poder transitarlo y dejarlo atrás.

Afrontar el dolor emocional implica no escapar de lo que nos está doliendo. Tampoco darle la espalda o intentar tapar con «placebos» lo que podemos evitar que se prolongue en el tiempo. Es necesario ir al origen, preguntarnos en qué momento se originó ese dolor.

Es muy fácil soltar el control de la vida cuando estamos sumidos en la tristeza. No obstante, esto es lo que provoca que vayamos a la deriva, sin rumbo fijo y completamente perdidos.

Para empezar, es importante hacer un esfuerzo para ver lo que nos sucede con perspectiva. En los malos momentos creemos que lo peor solo nos ocurre a nosotros, algo que empeora la situación.

Lo importante es tomar las riendas, no dejarnos llevar por la corriente y empoderarnos. Los problemas y las adversidades pueden ayudarnos a crecer, siempre y cuando se lo permitamos.

La luz entra gracias a las grietas

Es totalmente entendible que si estás dentro de una tormenta lo único en lo que pienses sea en el frío, la oscuridad, la humedad que el cuerpo siente. Sin embargo, no puedes olvidar que, hasta en la más sombría de las circunstancias, el cielo siempre guarda detrás la luz del sol.

Cuando estás en este momento de deficiencia anímica la tormenta te obliga a tomar una decisión: recibirla como una ocasión para enfrentar la adversidad hasta que la tormenta pase o dejarte caer, derrotado, en la eterna lluvia. Necesitas afrontar la adversidad con tu fuerza interior y continuar hacia delante. 

Sacar fuera los sentimientos

A muchas personas les ocurre algo muy importante que puede incrementar su dolor y tú quizás seas una de ellas: en aquellos instantes en los que se sienten peor, paradójicamente, no son capaces de expresar sus sentimientos ni desahogarse con los demás. Esto es un problema porque sacar los sentimientos fuera significa ver cómo te liberas de ellos y dejar que otros puedan ayudarnos. 

Si un ser querido ha fallecido y te ha dejado un gran vacío, si has roto con tu pareja, si sufres una enfermedad que te está condicionando la vida… Sea cual sea el motivo de la adversidad que te está haciendo tantas heridas, es beneficioso que lo compartas con alguien que esté dispuesto a escucharte y a prestarte una mano.

Por eso, ante la adversidad es necesario adoptar una actitud proactiva. No podemos esperar que la vida no nos ponga desafíos y obstáculos, pero podemos prepararnos para vencerlos y crecer. Ante las situaciones difíciles, pregúntate qué puedes aprender y cómo pueden ayudarte a ser una persona más fuerte y positiva. Es probable que al inicio te resulte difícil, pero cuando llegues a aguas más tranquilas, es importante que reflexiones sobre la experiencia. Solo así ese dolor y sufrimiento tendrá algún sentido.

Cada persona reacciona de manera diferente ante el cambio; se trata de una cuestión de actitud frente a éste; todas tenemos la capacidad para cambiar, pero no todas tenemos la misma apertura hacia el cambio.

Los cambios pueden ser elegidos o no, adaptarnos a ellos siempre requerirá un esfuerzo por nuestra parte; éste dependerá de las circunstancias externas, de los recursos de los que dispongamos para hacerles frente y de los apoyos con los que contemos en el proceso de adaptación.

Cualquier cambio genera incertidumbre; ya que en mayor o menor medida perdemos, al menos de forma temporal, la seguridad a la que estamos acostumbrados. También produce cierto grado de estrés, que bien manejado puede convertirse en nuestro aliado, ya que nos permitirá mantener la atención para adaptarnos a las nuevas circunstancias; pero, si por el contrario, es demasiado intenso y no disponemos de las herramientas adecuadas para gestionarlo podría llegar a bloquearnos.

Adaptarse al cambio conlleva un proceso que se produce paso a paso; es importante tener en cuenta cada uno de ellos porque dependiendo del momento del proceso en el que nos encontremos tendremos diferentes estados de ánimo; y esto, a su vez, dará lugar a distintas formas de actuar.

El modelo de la “curva del cambio” tiene su origen en el trabajo de Elisabeth Kübler-Ross; posteriormente Dennis T. Jaffe y Cynthia D. Scott lo adaptaron al proceso de cambio organizacional, a través de cuatro etapas: negación, resistencia, exploración y compromiso.

La curva del cambio es un instrumento diseñado para guiar a las personas, grupos y organizaciones a entender, aceptar y administrar el proceso de cambio. Se emplea principalmente en las etapas tempranas del cambio, o cuando la resistencia a éste es significativa.

La curva del cambio consiste en cuatro etapas: Negación, Resistencia, Exploración y Compromiso, que normalmente se dan en secuencia.

Sin embargo puede ocurrir también que el orden se altere e incluso que se dé un retroceso; asimismo la velocidad del cambio puede variar, siendo el objetivo final alcanzar la etapa de compromiso.

1.- Negación

Esta etapa se caracteriza por una sensación de incredulidad: ¿Cómo puede estar pasando?. La negación es un mecanismo de defensa que enmascara la confusión interna; el problema es que negando la realidad y posponiendo el problema, con frecuencia, hace que éste se convierta en algo peor.

2.- Resistencia

Es el momento en que la realidad ya no puede seguir siendo negada; se empieza a comprender que algo está pasando y que el cambio es inminente. Aparece la ira como una actitud defensiva por temor a lo desconocido, la persona siente que la vida no es justa (¿cómo me puede estar pasando esto a mí?) e incluso puede llegar a culpar a otras personas de lo que está ocurriendo.

3.- Exploración

La persona comienza a reconocer y aceptar que el cambio es inevitable; incluso puede empezar a percibirlo como necesario y positivo. A pesar de ser una etapa de mucha incertidumbre, es en este momento cuando se empiezan a buscar soluciones y si es necesario a desarrollar nuevas habilidades; la persona comienza a enfocarse en objetivos concretos y a darse cuenta de que existen oportunidades para manejar el cambio.

4.- Compromiso

Esta etapa se alcanza cuando se decide aceptar el cambio y adoptar nuevas actitudes. Con el aprendizaje que se ha ido adquiriendo, se empieza a crear y a experimentar con una nueva realidad; en la que la persona entrará reforzada en un nuevo escenario, proyecto y concepto de sí misma.

LA FORTALEZA ANTE LAS ADVERSIDADES

La vida nos pone muchas veces a prueba… incluso cuando no lo hace, una de las cosas que mayor miedo nos da es pensar ¿Cómo reaccionaría ante esto? ¡Seguro que si me pasara me moriría!… pero, en realidad somos mucho más fuertes de lo que pensamos y es que todos llevamos dentro a un valiente que se crece ante las adversidades.

Por eso no podemos vivir con miedo, pensando y pensando, ¿Si pierdo el trabajo… y si pierdo este amor… y si pierdo a este ser querido y si enfermo?

Porque, aunque no lo creas, “después de la tormenta siempre llega la calma”. Así, aunque los primeros momentos son realmente difíciles, cuando ya no nos quedan lágrimas y hemos aceptado que la vida hoy fue ingrata con nosotros… aparece una fuerza interior (resiliencia) que nos protege, nos ayuda y que nos hace crecer como personas…

Todo lo malo que nos ocurre tiene una parte positiva aunque no seamos capaces de verla.

Si vamos a construir sobre nuestra fuerza interior, es útil estar en un estado mental de confianza. Hay un par de maneras de lograrlo. Primero, reflexiona sobre todos y cada uno de los logros del pasado y pregúntate si hubo algún obstáculo que tuviste que superar en ese momento. Esto es importante porque refuerza el hecho de que los objetivos pueden alcanzarse a pesar de las dificultades. Segundo, recuerda que nadie es perfecto. Incluso las personas que creemos que tienen éxito siguen teniendo dificultades en la vida. A menudo el factor decisivo es la fuerza interior.

Aquí hay algo muy importante: no podemos (¡no podemos!) construir la fuerza interior poniendo excusas. Si hay una situación de la que somos responsables y fallamos, debemos admitirlo. ¿Es incómodo? Sí. Pero es absolutamente necesario asumir la responsabilidad de nuestras acciones. Las personas mentalmente fuertes no se excusan. Si queremos cultivar un núcleo de fuerza interior, debemos seguir sus ejemplos. Si se comete un error, admítelo, perdónalo y sigue adelante.

Acepta cualquier emoción y sensación que surja dentro de ti

Como ya habrás observado este punto está muy relacionado con el anterior. Las emociones que nos producen sufrimiento no nos gustan, no sabemos qué hacer con ellas, así que tendemos a huir, refugiarnos en miles de tareas para no conectar con el sufrimiento, o dejarnos inundar por ellas y que nos dominen.

La paradoja es que, cuanto más queremos huir, más fuerte aparecen los síntomas. Para liberarnos de esto debemos aprender a no juzgar las emociones y a “vivir el dolor” de la vida, aceptarlo y crecer con él. Recuerda: Ninguna emoción es ni buena ni mala, solo nos dan mensajes diferentes de qué cosas hay en la vida que debemos cambiar o, al menos, “darle una vuelta”. Por eso la próxima vez que pase algo, siéntate e intenta observar qué te quiere decir tu síntoma, de dónde puede surgir y qué necesidad está poniendo frente a ti. No huir de las emociones es empezar a cuidarnos. 

Entiende la vida como un cambio constante

Los budistas hablan del desapego como la aceptación del cambio constante de las cosas, de no pretender que algo que es dinámico se vuelva estático. El desapego no es dejar de querer a quienes nos rodean, al contrario, es cuidar a los demás y a nosotros mismos pero aceptando que las cosas no van a permanecer inmutables, que la vida es un proceso de cambio y debemos saber fluir con ella. Lo contrario es aferrarse al sufrimiento.

Observa las cosas que te pasan como retos a conseguir

La vida te va a poner obstáculos, de ti depende observarlos como retos o como problemas. Pero recuerda, no tienes que poder con todo. A veces necesitarás apoyo y ayuda, otras necesitarás renunciar a ciertas cosas, otras quizás luchar y en algunas aceptar. Aprender a saber cuándo hacerlo es aprender a vivir.

Elige bien tus pensamientos y tu forma de vivir

Gran parte del sufrimiento que tenemos lo genera nuestra propia mente. Escoge bien tus pensamientos y escoge también con cuidado y delicadeza qué tipo de personas quieres a tu lado, qué actividades deseas hacer, qué es lo que te hace bien. Puedes llevar una dieta a base de bollería (que será muy dulce pero muy autodestructiva) o una vida basada en alimentos sanos que a veces no serán los más ricos pero que te generarán salud y bienestar.

Espero te haya gustado mi último post 💝