Perder el miedo a la incertidumbre

Qué es el miedo?

Sófocles afirmó que “para quien tiene miedo, todo son ruidos“. El miedo es un mecanismo innato de defensa que se activa ante la percepción de un peligro, que puede ser real o no, pero que provoca sensaciones muy intensas y desagradables.

  1. Cuando se trata de un temor irracional, el primer paso consiste en comprender que tu reacción es completamente desproporcionada y que no existe una base lógica para ese miedo, en este sentido, la terapia cognitivo-conductual es muy útil.
  2. También es importante que, en vez de luchar contra el miedo, aprendas a aceptarlo. Tus temores son una reacción ante algo que crees amenazante y es normal que te sientas asustado, mientras más intentes combatir este sentimiento, más fuerte será. Superar el miedo implica conocer exactamente qué te causa temor y ser consciente de tus reacciones emocionales y fisiológicas. Una herramienta muy útil en este sentido es el mindfulness.
  3. El siguiente paso consiste en no dejar que el miedo te paralice, enfrentarte a él. Hay un antiguo proverbio que dice ” El miedo llamó a mi puerta y cuando abrí ya no había nadie. “Sigue adelante a pesar del miedo, mira al futuro y busca nuevas estrategias o alternativas diferentes que te permitan alcanzar el objetivo que te has propuesto. Desarrolla la confianza en tus capacidades y date cuenta de que el peor escenario posible, a menudo no es tan espantoso como lo imaginas.

La incertidumbre se caracteriza por un sentimiento de desasosiego, de «no caber en ti», de preocupación, de estrés y hasta incluso pavor. No es una emoción, es un sentimiento (una emoción más mantenida en el tiempo) que está muy ligado al miedo. Es, por así decirlo, un miedo mantenido. Al no ser una emoción, debes plantarle cara antes de que se ponga a campar por sus anchas y se vuelva crónica en ti. Pero sobre todo, necesitas saber cómo combatirla porque en tu vida te tocará vivir muchas situaciones en las que sufrirás incertidumbre, y necesitas afrontarla de una forma más sana.

Además, vivimos en la época de la inmediatez, donde todo lo que quiero lo obtengo al segundo (o antes).

El no saber qué va a pasar y la inseguridad que esta sensación nos crea, nos impulsa hacia un intento desesperado de controlar el futuro y anticiparnos como sea hacia un sinfín de probabilidades. Parece que necesitamos controlarlo todo, y más si cabe, como por ejemplo, ante el desconocimiento y la espera de alguna noticia importante. El no saber es sinónimo de desamparo, y por tanto, de miedo ante lo desconocido. El descontrol que a algunos les provoca la incertidumbre es como si intentaran conducir un coche sin las manos al volante o como viajar sin mapa.

No podemos controlar todo lo que pasa en la vida, pero si podemos controlar como la manera en que queremos vivir lo que nos pasa.

Recuerda que tus preocupaciones son sólo pensamientos, puedes intentar distraer tu mente para frenar tus rumiaciones con actividades alternativas, como leer una revista, ver una película, jugar con alguna de las múltiples aplicaciones que hoy en día nos ofrecen las nuevas tecnologías, en fin, la lista es muy larga. Hay que ponerse, eso es todo.

Es natural sentir temor a lo desconocido. Cuando nos arriesgamos, las cosas pueden salir mal o bien.

No obstante, tenemos que quedarnos con el hecho de que, independientemente del resultado, vamos a aprender.

No te quedes pensando en lo que hubiera pasado si lo hubieses hecho, ¡mejor hazlo! Es mejor atreverse y errar que no hacerlo.

Como bien dice una frase muy conocida: “Es mejor arrepentirse de haberlo intentado que nunca haberse atrevido”.

Dejemos de rechazar todo lo negativo que nos venga encima y empecemos a verlo como una ocasión perfecta para elegir otra dirección. A veces, estamos tan cómodos en nuestra zona de confort que perdemos la perspectiva, ¡odiamos los cambios! Sin embargo, estos son necesarios.

Modificar nuestra forma de ver las situaciones lo es todo. Hasta lo más negativo tiene una parte positiva, tan solo hay que saber verla porque puede ser muy sutil.

“Debes estar dispuesto a renunciar a la necesidad de estar siempre en control de todo lo que sucede a ti y a tu alrededor- las situaciones, eventos, personas, etc. Ya sean seres queridos, compañeros de trabajo o extraños que acabas de conocer en la calle, déjalos que sean. Deja que todo y todos sean exactamente lo que son y verás cómo esto te va a hacer sentir mejor.”

Abandona la charla autodestructiva

“¿Cuántas personas están sufriendo a causa de su forma de pensar negativa, contaminada y repetidamente derrotista? No creas todo lo que tu mente dice – especialmente si es algo pesimista. Eres mejor que eso.”

Deja de quejarte y resuélvelo

“Renuncia a la constante necesidad de quejarte de las muchas, muchas, muchas cosas – personas, momentos, situaciones que te hacen infeliz o depresivo. Nadie puede hacerte infeliz, ninguna situación puede hacer sentir triste o peor, a menos que tú lo permitas. No es la situación quien libera estos sentimientos en ti, sino la forma en que decides enfrentarla. Nunca subestimes el poder del pensamiento positivo.”

Pon esto en tu cabeza: el cuerpo humano está programado para resistir al cambio. Cambiar es seguido por el proceso de adaptación. Solo puedes alcanzar otro nivel intelectual si cambias constantemente. Adaptación y Cambio son estímulos concentrados a incrementar la inteligencia y percepción. Por lo tanto, el cambio es bueno. El cambio es lo que te ayudará a conseguir ir de A a B. El cambio va a mejorar tu vida y las vidas de los que viven a tu alrededor. Sigue a tu felicidad, acepta el cambio, no lo resistas.”

Cada experiencia que vivimos influye en nuestra forma de actuar, sentir y pensar. De algún modo, nos transforma, ya sea poco a poco o a pasos agigantados; todo depende de la importancia que le otorguemos. El problema es cuando las circunstancias que vivimos nos golpean tan fuerte que son capaces de tambalearnos y de poner nuestro mundo patas arriba y de repente, no sabemos cómo actuar porque nos encantaría que todo fuera de otra manera. Las expectativas pueden hacernos mucho daño.

A veces nos obsesionamos con que todo salga perfecto, es decir, tal y como habíamos pensado. Nos aferramos a un escenario de futuro ideal en el que todas las piezas del puzzle encajan a la perfección esperando a que en la realidad suceda tal cual. La cuestión es que cuando esta llega con sus imperfecciones, nos damos cuentan que hay muchas piezas que no encajan, otras tantas que faltan y algunas que jamás habíamos pensado en ellas. Por ello, nos sentimos frustrados, perdidos e incómodos.

Dejar fluir es todo un arte, un maravilloso reto que nos hará más libres.

Practicar la aceptación. Es el primer paso para que el fluir entre a formar parte de nuestra filosofía de vida. Aceptar lo que sucede a nuestro alrededor, en lugar de luchar en su contra es la premisa básica. A menudo nos empeñamos en que las circunstancias sucedan como esperamos y las personas actúen como habíamos pensado pero esto tan solo es un engaño de nuestra mente. Puede suceder o no. Por ello, no hay nada que esperar, sino que aceptar y a partir, decidiremos qué hacer.

Aceptar el cambio

Si hay algo seguro es que todo cambia. Unas veces para mejor y otras para peor, pero es una realidad. Pelearse con ella, negarla, intentar evitarla o temerla no hará que deje de suceder. Es una pérdida de energía brutal y una manera de “no fluir” con la vida.

Muy pocas veces las cosas saldrán como tú quieres, acéptalo. Obviamente todos tenemos preferencia por cómo queremos que salgan las cosas pero si te niegas a aceptar que las cosas a veces no saldrán bien, te cerrarás en banda. Sólo te traerá sufrimiento y decepción. No puedes controlarlo todo.

En cambio si aceptas la vida tal cual es, con sus luces y sombras, con sus cambios permanentes, te será más fácil fluir. Así podrás ver las ventanas que se abren mientras otras puertas se cierran. Encontrarás oportunidades donde antes solo veías dificultades. Hay que ver más allá.

“La vida es una serie de cambios naturales y espontáneos, no los resistas, eso sólo causa sufrimiento. Deja que la realidad sea la realidad. Permite que las cosas fluyan naturalmente hacia delante” Lao Tzu

El famoso psicólogo Jung denominaba al arte de dejarse fluir en la vida “como la clave o secreto para la liberación de la psique”.

Cuando se producen cambios importantes en nuestra vida, como una crisis, una ruptura, un despido, la muerte de alguien querido… lo solemos vivir como algo desagradable porque estas vivencias nos ponen de frente la incertidumbre y ello, nos obliga a generar cambios en nuestros esquemas mentales, forma de vivir… lo que nos produce una sensación de pérdida de control, de miedo, ansiedad e inseguridad.

Debido a que hemos construido una sociedad alrededor de una imagen imaginaria del futuro queriendo tenerlo todo controlado, donde tratamos de evitar, de una manera casi obsesiva, sentir cualquier tipo de dolor o emoción que nos resulte desagradable, andamos por la vida viviendo desde el pensamiento e identificándonos constantemente con él, no queriendo sentir muchas de las emociones que sentimos, escondiéndoselas a los demás e incluso a nosotros/as mismos/as. Para poder hacer todo esto, nos mantenemos pre-ocupados/as en buscar la tan ansiada seguridad. Aunque suene duro, la realidad es que todo esto es una fantasía que creamos con nuestra mente ya que la seguridad y la certeza realmente no existen. Por ello, es importante comenzar a mirar de frente todas esas emociones que nos negamos y ocultamos para que, de alguna manera, podamos hacernos amigas/os de ellas y comenzar a vivir con todo lo que tenemos en el presente.

Desde la aceptación: permitiendo que los hechos se desarrollen, viviéndolos de una manera espontánea, sin suprimirlos. Esto nos permite soltar la tensión en el momento en el que se presenta, permitiendo que tenga lugar lo desconocido, recibiéndolo como una fuente de crecimiento y comprensión. El hecho de soltar esta tensión hace que podamos encontrar la relajación interna y la seguridad en el propio presente, lo que nos permite vivir y construir desde el momento actual, soltando todas las ideas de control. Esto nos permite tener nuevas y originales ideas, pensamientos y recursos. Aceptar, también, significa reconocer la situación de incertidumbre en la que nos encontramos; reconocer que es dura y estresante, dándonos cuenta de lo que sentimos y aceptando esas emociones; reconocer que en este momento no tenemos las respuestas, los medios, los recursos y, que en este momento, no podemos hacer nada y, pedir ayuda, si es necesario. Esto forma parte de aceptar la realidad tal cual es, y todo esto nos ayuda a gestionar la incertidumbre. Un matiz importante es no permitir que la aceptación se convierta en resignación.

Gestionar la incertidumbre implica aceptar que la vida no es predecible, que todo está en constante cambio, aceptar “los errores” como parte de nuestro proceso vital, asumiendo que son un elemento fundamental de la mejora y el crecimiento. Los “errores” nos abren puertas a nuevas proyecciones, ideas y formas de ver la vida que pueden resultar bastante interesantes. Para ello tenemos que tener flexibilidad y tratar de olvidar “viejos patrones de pensamiento y comportamiento” que en su momento nos resultaron útiles pero que se han quedado obsoletos. Por todo esto, es importante integrar el cambio como parte de la vida.

Fluyendo con las emociones

Por supuesto que sigue habiendo momentos de dolor, de ira, de tristeza, de rabia…

Por supuesto que sigue habiendo retos y situaciones que no son fáciles.

Pero cada vez que eso ocurre, en vez de preguntarme: ¿por qué me pasa esto a mí?, me pregunto, ¿para qué me está ofreciendo la vida esta situación? ¿qué puedo aprender de ella?

Ya sé que todo tiene su propósito. Todo pasa por algo.

Si siento dolor, me abro a sentirlo, si siento rabia, me abro a sentirla. De esta manera, sólo sintiéndolo y sin rechazarlo, puedo aprender lo que la vida me quiere enseñar.

Las cosas que cargo son mis pensamientos. Son mi único peso. Mis pensamientos determinan si soy libre y ligero o pesado y agobiado

Kamal Ravikant. Rememorar constantemente las cosas es una carga muy pesada.

La ansiedad anticipatoria

¿Siempre te pones en lo peor? Tal vez piensas que es mejor ponerse en lo peor para así estar preparada para cuando venga. Pero es que esa actitud lo que hace es favorecer lo peor, las profecías autocumplidas que siempre son negativas y al mismo tiempo impide que ocurra…lo mejor. La ansiedad anticipatoria producto de ese miedo al futuro.

La ansiedad: la compañera que nadie quiere

Es el otro componente que tiene la incertidumbre, y aparece cuando nos dejamos invadir por el miedo pero, de una manera tan confusa, que quedamos paralizados y solamente somos capaces de pensar y temer anticipadamente los posibles peligros, más o menos probables, que puede acarrear el futuro.

La ansiedad es inevitable en aquellas personas que son intolerantes a la incertidumbre. Si tienes un pensamiento excesivamente rígido, si necesitas ver cumplidas siempre tus expectativas, o si te ves desbordada por todas las posibilidades de futuro que pueden darse ante cualquier mínima decisión que tomes, entrarás en el círculo vicioso de la ansiedad.

Al contrario de lo que sucedía con el miedo, que te permitía actuar de forma madura y acertada ante la situación que te genera temor, la ansiedad operará de una manera totalmente inversa: te paralizará y te impedirá tomar decisiones, cada vez vivirás más obsesionada por todos los posibles peligros que puede acarrear el futuro y, paradójicamente, el presente será un lugar cada vez más incómodo en el que vivir. La ansiedad te sacará fuera de tu vida y experimentarás una intensa falta de control.

La importancia de dejar que todo fluya y nada influya

Y no, dejar que todo fluya y nada influya no es cuestión de aprender a dejar ir. Cuando somos conscientes de que hay que dejar ir, lo interpretamos como etapas que se cierran para dar nuevos comienzos y ya la vida nos dirá qué tiene preparado para nosotros.

Dejar que las cosas fluyan no significa sentarse a esperar que la suerte llame a nuestra puerta, ni mucho menos. Que todo fluya y nada te influya te ayuda a vivir en el momento en el aqui y el ahora, a realizar actividades con el objetivo de ser consciente de lo que estás haciendo. Así es como aprendemos a vivir el momento y a ser más productivos en todo lo que hacemos.

Al dejar que todo fluya y que nada nos influya estamos siendo más conscientes de nuestra realidad, y alejamos a las preocupaciones y problemas que solo nos molesta e interfieren en lo que en verdad importa, en el momento presente.

Espero te sirva de ayuda mi nuevo post 💝