Vivir en el presente

Cómo vivir en el presente?

Muchas veces se nos aconseja que vivamos en el presente, que nos concentremos y disfrutemos de cada momento y de las pequeñas cosas de la vida. Pero ¿qué es vivir en el presente? La respuesta es más simple de lo que parece: sólo se trata de estar presente, ser consciente y también responsable del momento actual. Lo que pasó hace un segundo ya forma parte del pasado. Vivir en el presente es dejar las distracciones a un lado para centrarse en el aquí y ahora. Puedes comenzar ahora mismo, mientras lees estas líneas…

Dejar que los pensamientos se vayan

Es muy importante ser conscientes de que la gran mayoría de cosas que se nos pasan por la cabeza nos las imaginamos, lo que hace que tengamos pleno poder sobre ellas. Igual que eres capaz de traer pensamientos a tu mente, eres capaz de dejarlos ir. Siendo conscientes de que son simplemente pensamientos, sobre todo cuando nos provocan angustia, es como podremos dejarlos pasar.

El pensamiento puede ser un excelente compañero cuando conseguimos centrarlo en el presente y en la realidad, dándonos diferentes alternativas de respuesta a los problemas y situaciones que enfrentamos cada día.

Conectarnos con el presente de esta manera, tomándonos un respiro para hacer este ejercicio, podremos tomar decisiones basándonos en cómo nos estamos sintiendo realmente con nuestro momento actual.

Cada vez que queramos, cuando nos sentimos estresados, tristes, preocupados… podemos hacernos las tres preguntas anteriores para recuperar el contacto con el ambiente y centrarnos en el aquí y el ahora. También nos podemos animar a establecer este repaso como una rutina, hasta que nos acostumbremos a hacerlo.

Cómo aprender a vivir en el presente?

  1. Acepta todo lo que llega a tu vida. Uno de los principales principios del mindfulness implica centrarse en el momento actual, sin realizar valoraciones ni emitir juicios sobre lo que sucede. Se trata de aceptar las experiencias tal y como llegan, sin ponerles una etiqueta positiva o negativa, de vivir el ahora. Por ejemplo, en vez de calificar una situación como triste, dolorosa o excitante, simplemente debes centrarte en lo que estás viviendo, aunque no te resulte agradable. Cuando aceptamos las emociones “negativas”, estas pierden parte de su influjo y de su poder sobre nosotros. No olvides que en realidad, la mayoría de las situaciones no son positivas ni negativas, son tus expectativas, experiencias y percepciones las que inclinan la balanza en uno u otro sentido.
  2. Reflexiona y luego actúa. Después de haber experimentado la parte emocional de la experiencia, ha llegado el momento de centrarse en la interpretación. Detente un momento a pensar en lo que has sentido y por qué, analiza si necesitas cambiar algo y si realmente vale la pena. Si es así, ¿qué piensas hacer al respecto? ¿Cómo vas actuar? Antes de dar el siguiente paso, conecta con tus necesidades y objetivos en la vida, recuerda que la impulsividad nunca es buena consejera.
  3. Renuncia al control. La tendencia a controlar todo lo que sucede a nuestro alrededor se transforma en una fuente constante de tensión y estrés. Por eso, si quieres vivir plenamente el presente, es importante que asumas que existen muchas situaciones que se escapan a tu control, sobre las cuales tienes muy poca influencia. Debes dejar que las circunstancias fluyan, así adoptarás una actitud más relajada que te permitirá estar abierto a las oportunidades que se presenten.
  4. Saborea cada instante. A veces comparamos las sensaciones que estamos viviendo con las que hemos experimentado en el pasado o con las que podríamos experimentar en el futuro. Sin embargo, esa tendencia a comparar hace que el presente se nos escape, no logramos disfrutarlo. Por eso, es esencial que recuerdes que cada momento es único, vívelo como si fuera el primero y el último. También es recomendable que realices solo una tarea a la vez y que le dediques todo el tiempo que necesites. La clave para saborear cada instante consiste en hacer menos pero disfrutando más.

Cómo vivir el momento favorece la supervivencia

¿Sabías que los niños que se pierden en el bosque tienen una tasa de supervivencia más alta que los adultos?

Eso se debe a que beben agua cuando tienen sed, comen cuando tienen hambre, se refugian cuando tienen frio, huyen cuando tienen miedo y no intentan llegar a lugares que están más allá de lo que sus ojos les permiten ver.

Juegan con lo que tienen en el presente y no con lo que les gustaría tener en un futuro.

Los niños se preocupan más por el aquí y el ahora que por lo que puede pasar después, es por ello que se ríen más, tienen más energía y por lo general se comportan de una manera más espontánea y optimista.

Esto significa que nacemos sabiendo cómo vivir el momento presente a la perfección, lo que ocurre es que poco a poco vamos desaprendiendo cómo hacerlo y aprendiendo a esperar.

Cuál es el primer paso para vivir más en el presente?

La llave que nos abre a la puerta del presente, es la atención. Mejor dicho, tu atención, hacia dentro, hacia ti mismo, poner consciencia de lo que sientes, piensas y de tu cuerpo. Parate un momento  y respira para tomar conciencia de las sensaciones que llegan a tu cuerpo, las emociones que te acompañan en este momento, y los pensamientos que asoman en tu cabeza. 

Empieza siendo consciente de cuando tu mente escapa del ahora: en un primer momento sólo es necesario que pongas atención. No intentes forzar el cambio, ni te exijas cuando te descubras escapando o resistiéndote al momento presente: sólo date cuenta.

Lo que puede parecer realmente sencillo, resulta en ocasiones una aventura hacia lo desconocido, . Sin embargo, muy pocas veces existe una verdadera incapacidad para contactar con el cuerpo, la emoción y el pensamiento que transcurren en el presente.

Vivir culpabilizándonos

En el otro polo de esta línea temporal, es decir, en lugar de vivir en un futuro negativo imaginado, está el vivir anclado en un pasado valorado como negativo, sumidos en una tristeza y un dolor no superados, que nos hace vivir con una actitud negativa hacia el presente, se encuentra el otro problema fundamental de la salud mental humana en el siglo XXI: la depresión.

Vivir culpabilizándonos por aquello que no hicimos o por lo que nos salió mal, o por un hecho desagradable que tuvimos que vivir… Estos pensamientos de evaluación negativos de vivencia del pasado también nos hacen dejar de prestar atención al presente. Una atención selectiva a lo negativo del pasado.

Con respecto al pasado y a la incapacidad de sentir placer en el presente también está el sesgo de la valoración idealizada del pasado. La memoria tiene un sesgo, de carácter adaptativo, de valorar lo recuerdos de forma más positiva de lo que se vivió y una tendencia a suavizar y olvidar lo negativo.

La ansiedad como alerta

La ansiedad en cierto grado nos resulta funcional. Es un sistema de alerta y activación ante situaciones consideradas como amenazantes que es adaptativo en muchos casos. Nos moviliza y nos hace reaccionar bajo condiciones normales mejorando el rendimiento y la adaptación de la persona al medio. Hace que ante una amenaza afrontemos un riesgo, lo evitemos o lo neutralicemos adecuadamente. Si por ejemplo nos encontramos con un oso en medio del bosque, la ansiedad nos activará para poder hacer frente a esa situación y bien, huir si creemos que no tenemos opción de neutralizarlo, o de luchar si creemos que podemos hacer frente al animal. El problema es cuando ya no está el oso delante de nosotros y seguimos teniendo esa activación para neutralizar el problema, esa es la ansiedad. Cuando el oso sigue estando en mi cabeza como si estuviera delante de mí y nos hace vivir en constante estado de amenaza. Esta es la ansiedad patológica, la que nos hace cada día vivir la vida como una constante preocupación y no nos deja vivir el presente.

Vivir el presente es confiar en la vida

Confiar en cada experiencia tal y como se presenta sin querer cambiarla, sin desear que sea diferente. En cambio, no confiar en la vida, no aceptar la experiencia del momento tal cual es (sin juicio), lleva a las personas a un conflicto interno que no sólo les impide vivir el presente, sino que hace que ese presente sea una experiencia infernal e indeseable.

Vivir el presente, es decir, confiar en la vida, supone dejar de lado las fantasías que nos creamos en nuestra mente sobre un futuro mejor si nuestro presente fuera diferente. Es vivir de manera que se acepta cada experiencia con apertura y amabilidad, sin resistencia y sin resignación. Esta apertura hace que el momento presente se transforme en una experiencia de paz.

El conflicto interno surge a raíz tanto de resignarse como de luchar contra este momento y de resistir nuestras emociones alimentadas por nuestros pensamientos. Si nos resistimos al momento que vivimos, a la experiencia en sí, nunca aceptaremos vivir el momento presente. Por que sólo nos gusta el presente cuando las cosa suceden de acuerdo a lo que nos gustaría estar viviendo, ¿no?. Si sucede lo que quiero, me siento bien. En caso contrario, la vida me trata mal, tengo mala suerte, nunca seré feliz, etc. etc. El rechazo a esa experiencia presente junto con el deseo de que cambie, nos lleva a un conflicto que hace del presente una experiencia preocupante de infelicidad.

La clave, por tanto, para vivir en el presente es saber cómo lo vives

No se trata sólo de vivirlo en tanto que existes y respiras, si no en aceptar cada experiencia tal y como es, y en aceptar cada pensamiento tal y como viene.

Vivir la vida esperando momentos: esperando que llegue el fin de semana peara disfrutar, o a que lleguen las vacaciones para vivir la vida. ¿Es ahí donde queremos estar? Eso hace que el 80% de tu tiempo, incluso más, se convierta en un infierno de pensamientos en los que lo único bueno que queda es un momento en el futuro. ¿No sería mejor vivir el día de hoy, apreciar sus momentos, y disfrutar del paso del tiempo cada día? Debemos buscar cada día algo que nos haga sentir bien viviendo en el presente, y no en una constante expectativa de lo que va a llegar y cómo tenemos que aprovecharlo.

Acepta las consecuencias de tu pasado, y elige mejor:  si, lo volvemos a repetir, gran parte de tu situación presente es por las decisiones que has tomado en el pasado. Si no estás contento o satisfecho, de nada te servirá ponerte a recordar amargamente lo que pasó o estudiar concienzudamente lo que podría haber pasado si hubieses hecho otra cosa. Acéptalo, tus decisiones son las que conforman la persona que eres, y ahora que has decidido vivir en el presente esa experiencia te hará tomar mejores decisiones en el futuro… pero estamos en el presente, así que no le des más vueltas.

Vive el presente, respira y sonríe: respirar profundamente, dejarlo todo por unos instantes y concentrarnos en el ahora, en ese ruido de fondo, en esa luz, en el tic tac de un reloj. Eso es el presente, el preciso momento que estás viviendo ahora mismo, mientras lees estas líneas. Sonríe, es incalculable el valor que tiene una sonría para ti y tu entorno. Decide lo que vas a hacer, hacia dónde vas a ir, siempre respirando, siempre con una sonrisa… es el camino a la felicidad.

Ya lucharemos esa batalla cuando llegue: pensar continuamente en el futuro, en todas las posibilidades, en lo que puede pasar mañana, en una semana, en un año, en diez, en lo que harás si pasa esto, lo que harías si pasara lo otro, no es una forma elegante de vivir el presente, es una forma de generarte ansiedad innecesariamente. Ten un plan para el futuro, una dirección hacia donde quieras ir, un plan b si quieres, pero no te obsesiones, sé flexible, abierto a nuevos caminos, ideas y posibilidades. Deja que el futuro te sorprenda, no trates de atar todo desde ahora.

Soltar y desapegarse

La aceptación del presente también implica esta actitud, la de despegarnos de algo a lo que estábamos aferrados. Esto es algo que nos pasa habitualmente puesto que nuestro ego tiende a intentar atesorar las relaciones, los bienes materiales, el poder, etc. De alguna manera es así como pretendemos asegurar nuestra supervivencia. Para el ego todo es insuficiente y necesita compensarlo para sobrevivir. Cuando actuamos a través de este ego lo alimentamos con la creencia errónea de que cuanto más controlemos, más poseamos y más consigamos, más felices seremos.

Como sabemos la realidad es bien diferente, puesto que todo en nuestra efímera existencia es impermanente, al igual que lo es cualquier persona, circunstancia o bien material. El afán de aferrarse a las cosas choca con esta realidad inevitable. Podríamos decir que es una actitud absurda ya que carece de sentido que pretendamos retener algo para siempre.Sin embargo, es algo por lo que habitualmente pasamos aunque sea de una manera irracional. Esto es algo que nos evita también estar en el presente.

Al tomar una actitud de desapego, de soltar y no ambicionar, permitimos que las cosas sean tal y como son, por lo que también implica la aceptación. Esto es algo a lo que nos lleva la calma meditativa, que consiste concentrar la mente para alejarla de la lucha que ha emprendido nuestro ego. Al meditar tomamos conciencia de que el mundo no se va a adaptar ni comportar como nosotros pretendemos. Es así como hacemos un trabajo de humildad calmando las ambiciones irracionales propias de nuestro ego.

Bien es cierto que el presente tan solo dura un instante. Un minuto que ya haya pasado se puede considerar pasado y el minuto al que nos dirigimos es nuestro futuro. El tiempo es efímero y cuesta saborearlo.

Lo curioso es que le damos más importancia a nuestro pasado y nuestro futuro que a nuestro propio presente. Ese que pasa tan rápido delante de nuestros ojos, tanto que ni nos damos cuenta de ello.

Estamos acostumbrados a mirar dónde vamos a pisar, en vez de fijarnos en nuestras propias pisadas.

Esto no quiere decir que no debamos pensar en nuestro pasado ni en nuestro futuro. El pasado nos ayuda a aprender y progresar; y el futuro nos ayuda a conseguir nuestras metas, a motivarnos y soñar con aquello que deseamos. Pero, ¿dónde queda el presente en todo esto?

Por qué malgastar el ahora, viviendo en momentos y mundos inexistentes?

3) “El viaje aporta la felicidad, no el destino”

Buscamos la felicidad en objetos materiales, en el reconocimiento social, académico, laboral, etc. pero eso, o bien no tiene límite, entrando en una espiral angustiosa, o bien depende de factores externos sobre los que nada podemos hacer. La felicidad, si está en algún lado, es dentro de nosotros mismos y es una irresponsabilidad dejarla algo tan preciado en manos de los demás.

Si nos obsesionamos con el destino, nos olvidamos de disfrutar del viaje, y en el fondo, el viaje es lo único que tenemos.

Sé más de lo que piensas y  piensa más de lo que sabes.El conocimiento no equivale a sabiduría, la sabiduría consiste en hacerlo”

Tú no eres tus pensamientos, tú eres quien piensa. Caer víctima de una emoción, por ejemplo,  en un terrible enfado, hace que ese “yo” se vea secuestrado por la emoción.

La tradición budista dice que hay que diferenciar entre el observador y lo observado, entre continente y contenido y ello se logra mediante la meditación que no es otra cosa que centrar nuestra atención en un objeto (nuestra respiración, por ejemplo) y calmar nuestra mente. Hacernos “presentes”.

Y es que, en realidad, “No hay que empezar ni parar, solo hacerlo”. No existen principios (pasado) ni finales (futuro), sólo presente (la acción).

Espero te sirva de ayuda mi nuevo post 💝