Deja el pasado atrás, ese ya no es tú camino

Todas las personas podrán recordar momentos buenos y malos de su trayectoria vital. Sin embargo, existe gente que parece tener una increíble facilidad para estar todo el día reviviendo su pasado.

Pasar el día recordando aquello que sucedió antaño (tanto si es malo o bueno) no es precisamente la mejor opción para seguir con nuestras vidas, sino todo lo contrario.

Nos mantiene estáticos, nos impide movilizar nuestra energía para realizar nuevos proyectos o, simplemente, disfrutar del día en que nos encontramos.

El problema surge cuando nuestro pasado no nos deja continuar hacia adelante con nuestra vida. Los recuerdos sobre aquello que fue o no fue vuelven a nuestra cabeza una y otra vez, haciendo interferencia con el momento actual en que nos encontramos, impidiéndonos disfrutar del instante que vivimos.

Cómo dejar el pasado atrás

Es en este punto cuando debemos tomar conciencia de que el pasado ya pasó (valga la redundancia) y que es en el presente donde nos encontramos.

Recordar aquello tan terrible que nos sucedió, lo mal que se portaron con nosotros, etc. trae de vuelta a nuestra cabeza aquellas emociones de malestar, culpa, vergüenza, rencor… que nos vuelven a hacer daño de nuevo una y otra vez, ¿nada productivo, verdad?

¿Por qué no sueltas el pasado?

Los seres humanos actuamos fundamentalmente para evitar el dolor y sentir el placer. A menudo nos descubrimos buscando placer recreando en pretérito, circunstancias, lugares, relaciones… en definitiva un tiempo en el que fuimos más “felices” de lo que somos ahora.

Recuerdos pasado

Recreas aquellos momentos con las luces, el vestuario, el decorado, la música (la música tiene una carga emocional tan poderosa que si tu película mental tiene banda sonora, sólo con eso te basta) y tu cerebro reacciona a los estímulos sensoriales imaginados como si fuesen reales, generando una emoción expansiva. Tu cuerpo genera hormonas que te producen bienestar y ya tienes lo que buscabas: una sensación placentera que te evade de este momento presente que no quieres vivir.

Es un recurso fácil e inmediato y por eso muchas veces nos volvemos adictos (literal) a ese proceso químico, aferrados a una ilusión que solo existe en nuestra cabeza. Nos aferramos a esa ilusión de un pasado recreado, pasado por nuestro filtro de creencias, a menudo idealizado, que ya no está porque el ciclo se cumplió y ya no es eso lo que nos toca vivir.

Todo cambia, nos cuesta aceptar la ley de la impermanencia, sobretodo para lo bueno.

Vivimos, o mejor dicho, nos negamos a vivir el duelo que a menudo conlleva la pérdida que sufrimos con el cambio y seguimos en un pasado que nos aparta de la vida.

Vivir mirando al pasado es vivir de espaldas a la vida y desde esa perspectiva es mucho más difícil que las cosas nos vengan de cara y nos podamos abrir a nuevas posibilidades o nuevas relaciones.

Nuestro cerebro está especialmente diseñado para generar aprendizajes que nos mantengan a salvo. Cuando vivimos circunstancias adversas que ponen, supuestamente, en jaque nuestra integridad, física, emocional o corporal, el cerebro hace por que esa información sea recordada y tenida en cuenta.

Desde los 0 a los 7 años, aproximadamente, en función de nuestra herencia familiar, nuestra historia de vida y nuestro entorno sociocultural, generamos aprendizajes con respecto a experiencias que vivimos como amenazantes y cuando en el presente sentimos algo parecido, la emoción que ancló aquella experiencia se vuelve a manifestar con toda su intensidad para avisarnos y ponernos a salvo de la supuesta amenaza.

A salvo ahora de un peligro que ya no existe porque ya pasó, pero seguimos en ese bucle mental y emocional que nos aparta de vivir el momento. Es como si el software de supervivencia que se activó con aquella experiencia, siguiese operativo en el presente. Hay más factores en juego pero el bucle se perpetúa básicamente porque no queremos pasar por lo mismo, en definitiva, para evitar el dolor.

Con respecto a los agravios que hemos podido sufrir, a nivel mayormente inconsciente, hay cuestiones que nos resultan especialmente gravosas porque están relacionadas con nuestras heridas, con esos temas que nos tocan más de cerca.

Es muy probable que una persona que tiene baja autoestima recuerde especialmente con más dolor aquel insulto o menosprecio. Es muy probable que una persona con una herida de injusticia recuerde con más rencor esas experiencias que vivió como injustas, etc. La vida es tan generosa que nos pone delante las experiencias que nos ayuden a observar esa herida, reconocerla y liberarnos del patrón para poder actualizar el software y dar ese paso evolutivo. Por eso es tan importante aprender a soltar tu pasado y confiar en el presente.

Dice un proverbio ruso que “añorar el pasado es correr tras el viento”. Mirar permanentemente hacia atrás e instalarse en el pretérito suele ser propio de personas que tienen miedo al presente, al devenir de la vida, a lo incierto y se aferran al pasado porque conocer lo que ocurre les otorga seguridad.

Sin embargo, todo esto provoca que el presente pase ante los ojos sin saborearlo, pues nos encontramos con la mente en un tiempo que ya no volverá, que ahora solo reside en nuestros pensamientos y que tan solo podemos revivir en nuestra mente.

Para superar el pasado, aceptar y dejar ir

La imposibilidad de superar el pasado nos lleva a ubicarnos en escenarios imaginarios. Es el reino del “si hubiera”… Es posible que esto nos lleve a largas cavilaciones. Fantaseamos sobre otros posibles resultados. Añoramos una vida en la que no hubiera sucedido lo que sucedió. Al final, estamos en el mismo punto, con el agravante de haber renovado la frustración.

Aceptar el pasado significa admitir que ya nunca las cosas volverán a ser como antes. No importa lo que hagamos, incluso si logramos revertir los daños o las consecuencias. Ninguno de nuestros actos será capaz de devolvernos a ese ayer que ya no está.

Se necesita valor para aceptar, dejar ir y superar el pasado. No basta con la voluntad de hacerlo. Trascender a lo ocurrido no es un acto de fuerza, sino de persistencia y convicción. Hay un momento para repasar ese ayer, pero llega un punto en el que lo razonable es dejarlo atrás.

Para ubicarnos en el presente necesitamos cortar los vínculos que nos unen con el pasado. Al menos, todos aquellos nexos que podamos eliminar. Dicen que la mejor manera de irnos es no mirar atrás. Por eso es importante erradicar todo aquello que nos induzca a volver los ojos hacia lo que ya pasó. Esto nos da mayor libertad y nos permite reflexionar sin la angustia de lo que sigue prolongándose o sigue mostrando sus secuelas.

1. Reelabora el pasado

Lo que nos afecta en el presente no son las situaciones que vivimos a lo largo de nuestra vida si no la representación mental que nosotros hacemos de esas situaciones. Probablemente si viviéramos ahora esas situaciones no nos afectarían lo más mínimo, pero en el momento en el que sucedieron (sobre todo si fueron en la infancia) no teníamos los recursos suficientes para integrarlas de manera de correcta y generamos una representación mental de ellas acorde a ese momento que posteriormente nunca nos hemos parado a revisar y/o a cambiar.

Si quieres dejar atrás tu pasado lo primero que debes hacer es detectar que es aquello que te está condicionando. Puede que lo logres hacer solo o que necesites la ayuda de técnicas de meditación o terapia si estas vivencias pasaron a tu inconsciente y no eres capaz de acceder a ellas.

Una vez que lo detectes trata de reelaborarlo, es decir, saca otra conclusión diferente de la que sacaste momento. Por ejemplo: Que una relación fracasara no significa que no seas una persona válida para mantener una relación sentimental, que suspendieras una oposición no significa que nunca vayas a lograr nada en la vida o que tus padres te trataran a voces no significa que seas una persona digna de desprecio.

Lo más seguro es que encuentres muchos factores algunos personales y otros completamente ajenos a ti que puedan explicar (no siempre justificar) por qué ocurrieron determinadas cosas en un momento dado. Las cosas que ocurrieron forman parte del pasado y gestionando el presente de una manera adecuada no tienen por qué volver a ocurrir.

2. Ataca al pasado desde el presente

Hasta ahora seguramente sea el pasado el que te esté mandando ataques a ti en forma de miedos, emociones negativas , inseguridades, etc…

Pues ha llegado el momento de cambiar las tornas. Te sugiero que a partir de ahora te propongas luchar contra sus ataques y salir victorioso. ¿Cómo? Enfrentando tus miedos e inseguridades.

La única manera de vencer nuestros miedos es enfrentándolos, cuando los enfrentamos vemos como poco a poco van perdiendo fuerza hasta que al fin desaparecen. Así que aunque al principio te resulte complicado cuando detectes un miedo irracional que esté condicionando tu vida simplemente afróntalo, actúa como si ese miedo no existiera y desparecerá. De primeras te costará hacerlo pero puede terminar convirtiéndose en algo adictivo.

3. Deja de pensar que eres la víctima y no sigas culpando a los demás por lo que te pasa

Aceptar tu responsabilidad en tu realidad es primordial. Tu eres dueño de tu vida y de tu realidad, si estoy de acuerdo que muchas cosas que vivimos cuando pequeños nos han afectado y nos han formado, pero eso fue atrás. Aquí y ahora, TU tienes la capacidad de decidir si permites que eso que paso te defina como persona o si lo ves como una lección y aprendizaje, y eres capaz de crecer.Cuando sientas que otra persona tiene la culpa de lo que te pasa o de lo que vives, deténte y examina porque te sientes así. Lo que la otra persona haga no es tu asunto, no es tu decisión, pero tu muy bien puedes decidir si te afecta o si te quedas a su lado. Tu eres la única persona que puede decidir si eres víctima o no. 

4. Enfócate en el presente

Cuando nos enfocamos en lo que somos, en lo que hemos logrado, en lo que tenemos, empezamos a ser más agradecidos. Comenzamos a darnos cuenta que existen muchas cosas por las cuales podemos ser felices. Si te enfocas en el presente, tendrás menos tiempo para pensar en el pasado, y entre menos tiempo pases pensando en él, más tiempo tendrás para enfocarte en hacer cosas que te permitan crear un futuro placentero. 

No generalices

A veces cuando nos ha pasado algo que nos ha dolido y que ha hecho que lo pasemos mal, nos quedamos estancadas en el “todo me pasa a mi” o “es que siempre me pasa”.

Escucha tu dialogo interno que te dice estas cosas y cuando seas consciente de que vuelves a generalizar con “todo, todos, siempre, etc…” cuestiónate si realmente es cierto aquello que te estás diciendo.

Por ejemplo, si alguien te trató mal, no pienses que todas las personas van a tratarte de la misma manera.

Lo que pasó ya es pasado. Y ni todas las personas son iguales ni siempre tiene porqué repetirse lo mismo.

Asume tu responsabilidad

Hay personas que piensan que otras personas o que alguna circunstancia de la vida, les ha fastidiado su propia vida.

Sí, es verdad que algunas cosas dejan marca, yo también lo he vivido.

Pero no puedes dejar que algo que ya ha pasado te marque para siempre. Y mucho menos pensar que es el universo el que conspira contra ti.

En cada situación, en cada cosa que te pase siempre habrá algo que tú puedas hacer para estar mejor.

Por ejemplo, hay personas que siempre tienen los mismos problemas con las parejas que tienen.

Algunas, incluso llegan a pensar que nunca podrán encontrar a nadie con quien pueda convivir siendo feliz.

Integra la carga emocional

Llevamos la carga emocional de todo lo que nos ha pasado a cuestas, en nuestra mochila.

Si no hemos sabido ir soltando, integrando esas emociones, todo lo vivido nos sigue afectando.

Es necesario dejar ir aquello que pasó. Empezar a vaciar el vaso que llevamos lleno, para que pueda empezar a llenarse de cosas nuevas.

Siempre intentamos no sentir aquello que no nos gusta. Pero integrar lo que sientes se trata de dejarte sentir, y prestarle atención.

Para entender para qué está ahí, y si ya no te sirve soltar la carga y poder liberarte de ella.

Aprender técnicas de inteligencia emocional como la integración de emociones, te ayudará a poder avanzar y dejar atrás el pasado.

Asistir a otros, ver sus problemas, nos ayudará a salir de nuestros dolores personales y dejar de mirar nuestro pasado, descubriendo que somos capaces de contribuir de manera positiva en algo o para alguien. Cuando empecemos a dar, veremos cómo nuestra vida mejora drásticamente, porque estaremos encontrando un significado y un propósito.

Al entender que estamos aquí no solo para “conseguir”, sino también para dar, tendremos una motivación y satisfacción que antes no conocíamos. Además, las personas percibirán nuestra autenticidad y se sentirán atraídos por nuestra energía, con lo que podremos comenzar nuevas relaciones.

Ayudar a otros otorga los siguientes beneficios: te hará saber para qué estás hecho porque la necesidad de responderle a los demás te motivará a hacer más de lo que creías posible, a ser más creativo en la búsqueda de soluciones y encontrar fuerzas cuando te sientas exhausto.

  • Cerrar una puerta para abrir otra. Cuando necesitamos cambiar de rumbo para cerrar una herida debemos actuar tal y como haríamos con una herida física: limpiar y desinfectar la herida, recortar los bordes y dejar que el tejido crezca de dentro hacia afuera. Una vez cerrada mimar la cicatriz para que no se genere un queloide, que es un engrosamiento molesto del tejido cicatricial. En el plano emocional eso se hace llorando lo que haya que llorar durante un tiempo limitado (limpieza), ver objetivamente qué conductas, actitudes o decisiones se deben modificar (definir y sanar bordes), y para finalizar analizar qué dificultades reales tenemos y también qué apoyos u oportunidades se nos ofrecen. Este análisis que propongo es interno, de ser capaz de ver de manera objetiva nuestras capacidades, nuestros defectos y de las cosas que sabemos que podemos mejorar en nosotros mismos para ser más eficaces en la vida.
  • Definir objetivos y metas a corto, medio y largo plazo. Partiendo de una imagen general ideal en la que nos querríamos ver en un plazo de cinco años, por ejemplo, iremos marcando los pasos que deberemos superar para alcanzar lo que habremos considerado la meta final. Esos pasos, similares a los peldaños de una escalera deben ser extremadamente concretos para facilitar el que será nuestro plan de actuación.
  • Debemos detectar las creencias irracionales limitadoras que son las que nos impiden generar sueños y definir metas suficientemente ilusionadoras.
  • Será imprescindible a partir de este día, dejar de vivir de acuerdo a las expectativas de los demás. En una carrera de larga distancia como es la vida, uno no puede ir mirando constantemente a la velocidad a la que marchan los otros. La vida es comparable a múltiples carreras en paralelo en que cada vía tiene sus propios obstáculos y donde no podemos saltar de carril para coger el de otro. Puede que la meta sea la misma para todos: sentirse bien y feliz, pero cada uno de nosotros la alcanzará por un camino diferente. De ahí que sea inútil compararnos con los demás para saber si avanzamos a buen ritmo. La valoración de nuestro avance solo es válida si comprobamos como vamos llegando a las diferentes “metas volantes”.
  • Si interiorizamos esa forma de vivir lograremos deshacernos de la carga que supone tener dependencia emocional hacia algo o alguien y lograremos una mayor autonomía personal que es un Pilar fundamental de la autoestima.

No existe ni el pasado ni el futuro, solo el presente

Este momento es lo único que tenemos seguro. Aprende a poner atención plena a todo lo que hagas en este momento. Disfrútalo, vive tu día consiente, despierto y atento. Dedícate a cultivar esa reacción al gran regalo que es este día único y aprende a vivirlo como si fuera el primero y el último de tu vida. Te propongo algunas actividades para comenzar a vivir el presente. No dudes en ponerlas en práctica.

Recuerda, en algún lugar del mundo alguien está luchando por conseguir lo que tu tienes. Agradece disfrutando de esa enorme cantidad de regalos que te ha dado la vida hoy. Abre tu corazón a todas esas bendiciones y deja que la felicidad fluya en tu vida, simplemente por que puedes ver, sonreír, tocar, simplemente porque estás vivo y entonces, realmente será el mejor día de tu vida.

Hay momentos en la vida, para que el cielo se abra es necesario que una puerta se cierre.
José Saramago.

Espero te sirva de ayuda mi nuevo post 💝